Archive | January, 2005

Mi Perro

Posted on 28 January 2005 by admin

Mi perro
me persigue
A todas horas ladra.
De mí se ríe

Mi perro
me seduce
Hace girar
mis ciencias con su cola.
Luego llega arrastrándose
Incendiando el suelo
con un extraño líquido.

Mi perro
me convierte
Hasta ser como solo
Una gran cabeza
que contempla
su imagen
desde adentro.

Mi perro
me enamora

Soñamos
el mismo sueño
largamente unidos

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Madame Blavatsky: El Viaje

Posted on 28 January 2005 by admin

textoalternativo

Cuando nací todos quedaron asombrados porque mis ojos no miraban hacia afuera sino hacia adentro. Pero fue mi bautizo, el presagio de lo que más tarde ocurriría. De pronto, la llama de uno de los cirios incendió por completo el lugar. El fuego y el pánico se propagaron tan rápido que menos de la mitad logró escapar con vida. Creo que fue desde ese momento que la gente comenzó a murmurar cosas extrañas sobre mí.

Sonámbula desde niña. Vagué por las habitaciones de la oscura casa, conversando con las ánimas de mis familiares ya muertos. Mis padres y mis hermanos muchas veces fueron testigo de esto, pero lo callaron para protegerme.

A los diecisiete años dejé los estudios. Siempre supe que carecía de cualquier tipo de gracia o encanto. Quizás ese fue el motivo por el cual me casé con un viejo militar de casi ochenta años. Pero el enlace no duró mucho, al poco tiempo lo abandoné, detestaba su olor, su piel contorsionada y el espanto que le provocaba cuando notaba que mis ojos observaban mirando hacia adentro. Ya libre y con dinero suficiente, comencé un singular itinerario de viajes a través del Estigia, el río con las aguas más oscuras y cansadas de todo el planeta.

En la Región del Tártaro conocí a un mago musulmán que me enseñó a dilucidar entre el mundo real y el reino de los muertos. Pude atravesar sin dificultad ambos territorios y fue mío el conocimiento de otros mundos superiores y el hallazgo de la sabiduría más hermética. A cambio, tuve que eliminar de mi mente el espejismo de mi propio yo y engañar a los tres jueces inmaculados para no beber el agua que me haría perder toda mi memoria.

A mi regreso se produjo otro acontecimiento. Una noche, mientras paseaba a orillas del lago Lhéete, me vi rodeada de príncipes ataviados con curiosos ropajes. Entre ellos reconocí de inmediato, al Gran Sabio, a quien tantas veces había llamado. Estuvimos conversando durante varias horas. Antes de marcharse me acarició con su cabeza derecha, encomendándome una misión que no puedo revelarles.

Luego vinieron más mensajes sobre la secreta doctrina, y la creación de un gobierno invisible. Completamente fascinada veía como distintas personas llegaban a mi casa para adherirse a esta nueva ciencia. Deseaba tanto no defraudarlos, pero el gran misterio no podía ser entregado a cualquiera. Entre cientos de candidatos, apenas dos no fracasaron en su intento y solo uno fue bañado por entero. Iniciarse en este camino demanda rigor e inteligencia. Muchos de quienes se lo propusieron debieron haber meditado antes de someter su voluntad.

Con el tiempo mis habilidades fueron aumentando, pudiendo incluso prescindir de todo mi cuerpo. Esta cualidad me permitió trasladarme hasta las regiones más herméticas. Ahí descifré lo indescifrable, empleando un conjunto de textos que he encontré en las puertas de un templo subterráneo. En estos se narra la horrible historia de la humanidad, en una sola palabra. Una palabra prohibida e impronunciable.

Esta palabra se contrae constantemente para no ser oída ni tocada. Pero él me ha premiado con la posibilidad de transmitirles en nuestro lenguaje su significado:

” Al inicio el hombre original y su terror subsistían solo como una diminuta esfera de luz a la espera de transformarse en carne y miedo. Fueron seis las razas en el ciclo de la evolución humana, seis sus fuegos y seis sus angustias. La primera raza era solo una sombra de luz sobre el plano ardiente de la tierra. Las otras pasaron de células transparentes y volátiles hasta llegar a convertirse en seres sin forma, que eligieron la tierra imperecedera para desarrollarse. Esa que los falsos textos nombran como Edén, se convirtió así en el continente de la penúltima raza: El hombre condenado por el conocimiento. El hombre condenado por Dios. O sea, el hombre maligno”.

Todavía queda tiempo para que la sexta raza se asome entre nosotros. Cuando eso ocurra ya todos ustedes se habrán extinguido. Mientras tanto yo me quedaré aquí, dormida a los pies del único filósofo verdadero.

A la espera, a la infinita, pero paciente espera

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Un Prodigio…

Posted on 20 January 2005 by admin

Cierta noche representaron una comedia, en la cual un hombre del pueblo interpretó el papel de un demonio, vestido con unos aderezos e insignias horribles y espantables. Una vez acabada la función , regresó a su casa, guíado por el deseo ardiente de poseer en forma inmediata a su mujer, sin tiempo de quitarse el hábito , dejándola preñada de este encuentro. Tenía siempre ella durantre el acoplamiento la imagen representada por la figura y el vesturio que su marido llevaba puesto. Vino entonces a engendrar una criatura que coincidía con ese mismo demonio, tan espantoso y de tanta fealdad, que ningún otro diablo del infierno se podría comparar como tan abominable. La madre murió tras el parto; y de lo poco que este prodigio vivió, que, según dicen, fueron 3 días, se cuentan cosas infernales…

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Las explicaciones de Ambroise Paré

Posted on 20 January 2005 by admin

Como bien lo explico en mi Tratado: ” Des Monstres et Prodiges” las causas de los monstruos son varias.
La primera: es la gloria de Dios.
La segunda, su cólera.
Tercera, la cantidad excesiva de semen.
Cuarta, su cantidad insuficiente.
Quinta, la imaginación.
Sexta, la estrechez o reducido tamaño de la matriz.
Séptima, el modo inadecuado de sentarse de la madre, que, al hallarse encinta, ha permanecido demasiado tiempo sentada con los muslos cruzados u oprimidos contra el vientre.
Octava, por caída, o golpes asestados contra el vientre de la madre, hallándose ésta esperando un niño.
Novena, debido a enfermedades hereditarias o accidentales.
Décima, por podredumbre o corrupción del semen.
Undécima, por confusión o mezcla de semen.
Duodécima, debido a engaño de los malvados mendigos itinerantes.
Y decimotercera, por los demonios o diablos.

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Lewis Carroll: Carta de los 182

Posted on 17 January 2005 by admin

Mi muy querida Alicia :

Estará sorprendida y desconcertada, al oír la extraña enfermedad que tengo desde que usted se ha ido. De inmediato solicité ver un doctor, al cual le he dicho:
“Deme algo pronto porque me siento muy cansado”.
- “¡ Esas son estupideces sin sentido! dijo él. Usted no necesita ninguna medicina: ¡Váyase a la cama!”. Entonces discrepé, ¡No; no es la clase de cansancio que se pasa con la cama!. Nota como todo mi rostro trasunta cansancio. El doctor me observó con expresión grave, y preguntó :
¿Es su nariz la que está cansada?. Respondí, “No, no es la nariz. Quizás sea el pelo.” Entonces él se mostró más serio aún y señaló: “¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?. Respondí nuevamente “No” . Que curioso dijo él, de verdad esto me desconcierta mucho. ¿Piensa usted que el problema podría estar en los labios?” . ¡Por supuesto! dije. ¿Puede explicarme qué es lo que me sucede exactamente? .
“Yo creo que ha estado dando demasiados besos…” afirmó con seriedad el doctor. Bueno . Le di un beso a un niña, una pequeña amiga mía de nombre Alicia. Piense otra vez, dijo él, “¿Está seguro de que ha sido solo un beso”
Pensé otra vez, y dije, “puede que hayan sido 11 veces”.
Entonces el doctor senteció: “Usted no debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”.
Pero ¿cómo hago? le pregunté. ¡Le debo 182 besos más! . Entonces al ver que las lágrimas corrían por mis mejillas, susurró: “Mándeselos en una caja”. Fue ahí cuando recordé una pequeña caja que compré en cierta ocasión pensando que podría regalársela a alguna niña . Así que me he dado a la labor de Empacar cada uno de ellos cuidadosamente.
Por favor dígame si han llegado todos o si alguno se ha extraviado en el camino para enviárselos en cuanto pueda.

Oxford, 28 de octubre

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Lewis Carroll: Disfraz

Posted on 17 January 2005 by admin

textoalternativo
Cuando mis Alicias llegan eligo uno de los vestidos que previamente he seleccionado. Es un efecto mágico e inquietante el que se produce al momento de ser fotografiadas. Tendidas sobre un cobertor, adormecidas en el sofá. Fingiendo que no me escuchan, completamente encantadoras.

Mi gusto por los disfraces no deja de aumentar. Disfrazo a mis Alicias de niñas romanas o griegas, las visto con chales hindúes. Se presentan ante la cámara en hermosos trajes daneses. Las transformo en chinas, luego las convierto en princesas, ataviadas con los misteriosos ropajes de los mares del Sur, y en ciertas ocasiones, me parece que todo este artificio resulta innecesario y voy más lejos, hasta que ya no queda ningún disfraz.

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Cierto estado

Posted on 17 January 2005 by admin

¿Cómo explicar la extraña fascinación que ejercen sobre mí todas estas niñas?.

Diría que no son en realidad ellas quienes me perturban sino más bien un cierto estado fugitivo, transitorio. Parecido a ese breve instante del alba, que despunta entre el día y la noche.
Todas mis Alicias representan el medio en que tal estado se revela.

Cuando estoy en compañía de ellas, me abandono sin pudor al espíritu de la infancia.

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Baco y Sergio: La homosexualidad Trascendental

Posted on 14 January 2005 by admin

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