Gabrielle Wittkop: Libertina

Posted on 06 January 2005 by admin

gabrielle_wittkop.jpgMe suicidaré a los 82 años. Antes claro, de haber nacido en Nantes y vivir gran parte de mi vida en Frankfurt. Nunca iré al colegio, estudiaré en casa. Entre otra cosas seré viuda, tras estar casada durante 40 años. No tendré hijos (odiaré siempre a los niños). No perteneceré ni a la derecha ni a la izquierda, la política me fastidiará siempre. Detestaré a las feministas. Continuaré siendo atea y escribiré a lo menos unos 14 libros.

Hace algún tiempo ya, planifiqué el suicidio de mi marido. Como sabía acerca de su determinación y dado su consentimiento, preparamos juntos la copa de veneno y fui yo quien puso la botella de champagne en la heladera antes de tomarme el día y salir de paseo para que él, cuidando - como habíamos previsto- no dejar un cuadro demasiado tétrico, pusiera fin a sus días.

Si su intención es explicar el origen de lo que algunos definen en mi escritura como morbidez esteticista es necerario se remonten a mi infancia. Siendo aún una niña, el librepensador que era mi padre decidió privarme de la escolaridad. Un día, me llevó frente a su inmensa biblioteca y me dijo: “Aquí no hay nada prohibido. Fórmate”.

Empecé a leer 4 horas diarias y me vi obligada a pensar por mí misma. Jamás estuve programada para formar parte de lo que llaman masas. Mi madre era una escritora rusa que falleció tempranamente. Fue así como crecí: ignorada por todo el mundo mientras era críada por una negra de Martinica, sólo el divino Marqués de Sade, Voltaire, La Mettrie, Holbach y Condillac me salvaron de la soledad más absoluta y el completo autismo.

Durante la Segunda Guerra, conocí a Justus Franz Wittkop, un desertor alemán 22 años mayor. Vivimos juntos a lo largo de cuatro décadas. Nos amamos como dos amigos. Nuestra unión no fue convencional, se tratata de una alianza intelectual. Nos contábamos todas nuestras aventuras.
Cuando me aburría de la sociedad de Bad Hombourg, viajaba sola por Tailandia, Sumatra, Brasil o la India, dedicandome a escribir reportajes para el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Durante una estancia en Bombay, caí en otro idilio de este tipo, con un hombre llamado Christopher, también homosexual, como lo era mi esposo. Cristopher moriría más tarde apuñalado en un prostíbulo de la capital India. Ha sido en él en quien me he basado para crear a Lucién de El Necrófilo. Luego, en La Muerte de C. “mi libro más hermoso”, desarrollo diversas hipótesis para esclarecer su homicidio.

Llevar hasta el fin los valores libertinos, que excluyen por cierto cualquier autoridad moral o religiosa. En eso pienso tras colgar el teléfono. Simplemente le he anunciado a mi editora: “Voy a morir como viví: Como un hombre libre”

4 Comments For This Post

  1. Señorita O Says:

    Acabo de descubrir a G. Wittkop y estoy fascinada, ¿de dónde sacaste el texto anterior? Me gustaría saber…te dejo mi email.
    |

  2. hrodric Says:

    intersante. iré a wikipedia……

  3. Продвижение сайтов санкт-петербург Says:

    Продвижение сайтов санкт-петербург

  4. Lubet Says:

    Es increible siempre me ha intrigado los fragmento de su vida que me han encontrado. Encontrar su obra ha sido dificil, por fin creo que lo lograré. Gracias ese buen fragmento.

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