Archive | January, 2005

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El Secuestro Inmóvil

Posted on 06 January 2005 by admin

Fue una noche de noviembre. El doctor Ara como de costumbre, acababa de examinarme y despedirse hacía poco rato en la sala 63 donde yo me encontraba. No sé por qué algo no permitía que pudiera cerrar los ojos. De pronto, oí el sonido de unos pasos subiendo la escalera principal. Intenté levantarme, sin embargo, el pánico me dejó completamente inmóvil. Alguien abrió la puerta y entonces pude ver a un grupo de hombres rodeando la cama. Quise defenderme, pero era como si el terror se hubiese apoderado de cada uno de mis músculos. Mientras me subían a un camión estacionado justo frente al recinto pude ver a lo lejos la figura diminuta del doctor que en vano trataba de impedir mi secuestro.

Una vez asegurado que cualquier intento de escaparme era imposible, detuvieron el motor del automóvil, pasando ahí el resto de la noche. Me habían cubierto el rostro y atado con una soga fuertemente a una especie de camilla. Creo que estuvimos dando vueltas más de dos días por las calles de la ciudad, deteniéndonos solo a ratos. Las discusiones entre mis secuestradores eran frecuentes. Uno de ellos llegó incluso a decir que lo mejor era hacer desaparecer pronto el cuerpo. Comprendí que el plan inicial no había resultado como lo previsto y que estaban decididos a matarme. Es extraño, pero ahora que lo pienso no sentí miedo sino al contrario, una profunda melaconlía. La voz de Juan y el recuerdo de sus manos sosteniéndome llenaron cada espacio de mi mente.

Después de ese episodio perdí la noción del tiempo y mis recuerdos se tornan un poco difusos. Algo ocurrió, pero mis capturadores desistieron ante la idea de asesinarme. Constantemente nos cambiábamos de lugar. Moviéndonos casi todos los días de un sitio a otro. En su mayoría alejadas bodegas y depósitos abandonados. Se notaba a medida que pasaba el tiempo cierta desesperación en sus actos y en el modo en que se comportaban. Lo anterior sumado a mi certeza de que cualquier petición respecto a mi rescate sería aceptada, alimentó en mi interior la falsa esperanza de una futura y temprana liberación.
De acuerdo con mis cálculos este continuo desplazamiento debió prolongarse por casi un mes. Hasta que optaron por recluirme, según las palabras de quien deduje era el jefe de la operación “ en un lugar más seguro” Este sitio, se diferenciaba notoriamente del resto. Para llegar a él, tuvieron que esperar a que amaneciera reduciendo de este modo al mínimo las posibilidades de ser vistos o descubiertos.
Amarrada y cubierta comenzaron a moverme. Por un instante, mientras inclinaban la camilla hasta situarla de forma completamente vertical, la tela que tapaba mi cara se desprendió levemente. Si bien no identifiqué a ninguno de ellos supe que su deseo era hacerme entrar al ascensor de un edificio. Concluido el traslado los hombres me dejaron abandonada y se marcharon. El pequeño campo visual del que disponía mi ojo izquierdo reveló que se trataba de un departamento, un piso residencial muy elegante y lujoso. Cualquier respuesta estaba fuera de mi alcance. Toda esta situación me resultaba ilógica y sin sentido.

Durante el día siguiente la inercia y un calor insoportable parecían extender el tiempo a su antojo. De repente percibí desde el cuarto donde me habían encerrado el eco de una voces que discutían. Se trataba al parecer de un hombre y una mujer, aunque no podría afirmarlo con total seguridad. Por la tarde al percatarse que la puerta estaba entreabierta uno de estos se apresuró a cerrarla. Fue solo ahí que logré ver su rostro. Sí, era un hombre algo mayor vistiendo uniforme y que por alguna razón su cara me resultó familiar y conocida.
Cuando ya era de noche y mientras imaginaba que los nuevos encargados de mi secuestro dormían algo terrible pasó. Uno de ellos se acercó a la habitación y abrió muy despacio la puerta como temiendo que el otro despertara. Titubeó un poco y luego se aproximó en silencio. No se atrevió a seguir caminando y desde la mitad de la sala me observó por unos segundos, en ningún momento se animó a tocarme. Entre las sombras distinguí la silueta de una mujer a quien nunca antes había visto. Creí que conmovida al verme en este estado se había arrepentido y su intención era ahora la de dejarme escapar. Pero no hizo nada limitándose a retroceder cuidadosamente para no hacer ruido. El lugar estaba completamente oscuro. Se quedó apoyada sobre la muralla, en el borde de la puerta. Alcanzó a susurrar algo así como “ Todavía eres tan hermosa ” antes que el hombre se acercara de improviso y le disparara dos veces cayendo de inmediato muerta sobre el piso. Agonizó retorciéndose en espasmos por un rato. Después un silencio frío fue atravesado por unos horribles gritos.

Hasta la madrugada todo el lugar se transformó en un ir y venir de militares. De versiones y preparación de comunicados de prensa. De un sin fin de planes y órdenes secretas a ejecutar. Pero sin que nadie repara en mí ni por un instante. Y sin que yo lograra entender nada acerca del siniestro espectáculo que se desarrollaba a mí alrededor.
Al tercer día del brutal crimen de aquella mujer y en medio de una maniobra que tenía por objeto bajarme del camión y colocarme en el interior de una estrecha caja. Una de las cuerdas que me mantenía sujeta se cortó azotándose violentamente mi cuerpo y mi cabeza contra el suelo. Parte de mi vestido se descosió dejando al descubierto un hombro. Noté entonces que mi piel había cambiado, adquiriendo una tonalidad verdosa, repulsiva casi inhumana. No tuve demasiado tiempo para estremecerme sobre este hallazgo puesto que otro aún más perturbador se adueñó por completo de mi pensamiento. El Titular en la portada mojada y sucia de un periódico con una noticia que hasta hoy después de tanto tiempo no deja de aterrarme:

La Maldición de Eva cobra su primera víctima

17 de Julio, 1956. El mayor Arandia, temiendo que alguna pista sobre el paradero oculto del cadáver embalsamado de Evita, pudiera llevar a los Peronistas hasta su casa, dormía con una pistola bajo la almohada. Cuando la puerta se abrió, disparó dos veces contra la sombra que había aparecido. Era su esposa embarazada, la que caía muerta sobre la alfombra del dormitorio. Al ser interrogado declaró:

“Cuando maté a mi mujer yo no disparé contra ella, sino contra un fantasma que tenía el rostro de Eva Perón”.

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Transplantado

Posted on 06 January 2005 by admin

Decepcionado por el resultado de mi cingulotomía me he decido por un transplante de cerebro. El equipo del Dr, White es minucioso, han ensayado durante varias semanas y trazado con tiza una serie de líneas en el suelo del quirófano para indicar el lugar exacto donde debe ir cada uno de ellos.

Metrohealth Medical Centre , Cleveland: 9: 30 a.m.
Han unido mi cabeza al cadáver de un hombre. Cuando abro los ojos , estoy totalmente consciente y con mis funciones nerviosas completas. Puedo a ver, oír, oler y, sentir dolor. Sigo con la mirada a las personas que se mueven alrededor. Después todos aplauden.

Sin embargo, mi cabeza al estar aislada de mi cuerpo unida sólo con unos ganchos y suturas externas, no permite que logre controlar las funciones motoras. Se me ha explicado que esta técnica no resuelve aún como conectar la médula espinal con el cerebro.

Como es lógico, la fascinación inicial del experimento duró poco, a los dos días he comenzado a gritar que desprendan completamente la sutura…pero todos ignoran mis súplicas.

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Head transplant: El Doctor White

Posted on 06 January 2005 by admin

 rjwhite.gif

El doctor White dirige una serie de experimentos para lograr transplantar una cabeza humana. Ya ha conseguido realizar el trasplante con macacos. Corta la cabeza del bicho con escalpelo y tijeras –músculos, venas, nervios, tráquea, columna vertebral– y, después de ir haciendo todos los empalmes necesarios, atornilla la cabeza a unas placas metálicas fijadas en la columna. El animal después no puede girar la cabeza, pero sigue vivo.

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La Decapitación

Posted on 06 January 2005 by admin

A juicio, de mi colega el destacado Doctor Guillotin, con quien he tenido el gusto de intercambiar ideas y reflexiones, en los pasillos de la Academia de Cirugía, la invención de su instrumento asegura a la víctima un dolor casi imperceptible. Apenas las escasas fracciones de segundo, que tarda la cuchilla en cortar la cabeza.

I.Con mucha frecuencia el condenado, sufre un síncope antes del momento fatal. Por tanto, cuando el verdugo lo decapita es prácticamente ya un cadáver. Compartirán conmigo que la angustia, y la ansiedad son estados que muchas veces nos juegan en contra.

II. Las diversas entrevistas que he efectuado a verdugos confirman este dato. En ellas, los ejecutores me han señalado, que de cada 10 sujetos, apenas uno iba más o menos íntegro al suplicio. Mientras que el resto se encontraba ya medio muertos cuando subían al cadalso. Parecían más bien, según estos, una masa inerte y carente de fuerzas. Esto avalaría mi teoría acerca, de que el verdadero dolor no lo sienten al ser guillotinados, sino en los momentos previos la muerte. Se trataría de un dolor moral, nada más que eso.

III. Pero no pensarán que me he limitado solo a observar. También he dedicado muchas horas de investigación a experimentar con animales. Guiado por la intención sincera de demostrar que tal método constituye un enorme progreso en relación a otras técnicas precarias como: La estrangulación, la horca, la hoguera, y especialmente el descuartizamiento, el que por su total carencia de sutileza, ni siquiera debiese ser mencionado. En fin.


IV. Pero no pensarán que me he limitado solo a observar. También he dedicado muchas horas de investigación a experimentar con animales. Guiado por la intención sincera de demostrar que tal método constituye un enorme progreso en relación a otras técnicas precarias como: La estrangulación, la horca, la hoguera, y especialmente el descuartizamiento, el que por su total carencia de sutileza, ni siquiera debiese ser mencionado. En fin.

V. Debo admitir, sin embargo, que persisten ciertas dudas. Últimamente, se ha venido propagando la absurda idea de que la cabeza continuaría pensando y sufriendo incluso separada del cuerpo. Anatomistas de gran prestigio se han sumado a tan tamaña estupidez. Han afirmado que la cabeza conservaría por unos segundos o minutos sensibilidad y pensamiento. Basando tal brutalidad en algunos movimientos y espasmos espontáneos, que significarían según ellos una clara manifestación de dolor tanto del cuerpo como de la cabeza tras la decapitación. Agregan, en lo que yo veo como una campaña de desacreditación, la sensación de pertenencia que experimentan algunas personas luego de la amputación de alguno de sus miembros, aún después de largo tiempo de haber sido intervenidos.

VI. Reconozco que en la serie de pruebas con animales, a los cuales he decapitado, se observan contracciones en la lengua, ojos y labios. Por ejemplo, ayer al tocar la córnea de una gallina, el párpado se cerró. Pero esto responde simplemente a un acto reflejo, ya que al producirse la decapitación se llega a una nivel de asfixia con tensión arterial cero. Esto afirma mi hipótesis de que tales movimientos son puros artificios biológicos. La decapitación mata sin agonía, en perfecta calma, anulando el poder reflejo y el automotor. La hemorragia súbita hace caer la tensión a 0 en 1/10 de segundo y paraliza la conciencia, la voluntad, y la sensibilidad.

VII. Según mi análisis la muerte se produciría por un doble mecanismo: a) por asfixia y b) por inhibición. La pérdida de conciencia, es sin lugar a dudas, y contraria a la opinión de mis detractores: instantánea. En cuanto a la cabeza en sí, es necesario acotar que una vez separada del cuerpo, conserva una calma absoluta por dos o tres minutos, tras ese periodo sobrevienen solo en algunos casos, movimientos extraños en la cara, apertura o cierre de la boca, entre otros. Le he solicitado, a algunas personas para fundamentar aún más mi teoría, que después de la decapitación me guiñen un ojo, como prueba de que aún están conscientes. Obviamente, adivinarán que ninguno de ellos pudo cumplir lo prometido.
Aunque les parezca sorprendente, otros han ido más lejos que yo.

En un espectáculo que califico como cruel y de mal gusto, se han atrevido a realizar públicamente una transfusión sanguínea a una cabeza ya decapitada. Tal experimento inhumano y tan o más indigno como los crímenes que pudo haber cometido el ajusticiado no tuvo como era de esperar, resultado alguno. Pero es en la preparación previa que se tuvo que hacer de la víctima lo que me parece más escalofriante, ya que para efectuar la transfusión, han tenido que practicar todavía vivo el condenado, la desanudación de las carótidas con la colocación en ellas de una cánula adecuada para el paso de la sangre transfundida a la cabeza.

Al parecer, la crueldad de la naturaleza humana será siempre capaz de superarse a sí misma.

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Esta Tarde : Anotaciones del Dr. Mengele

Posted on 06 January 2005 by admin


“ Estoy seguro que pronto superaré el objetivo de los ojos azules, constantemente saturo de colorantes los ojos de aquellos gemelos que presentan iris de color diferente. Luego realizo transfusiones de sangre, les inyecto en las venas diversos gérmenes , fenoles, cloroformo, nafta, insecticidas . A otros les extirpo las extremidades…Esta tarde he supervisado una cirugía en la que dos gemelos fueron cosidos a partir de la columna vertebral con el fin de crear siameses. Sin embargo ninguno de ellos pudo sobrevivir…Llevo 4 noches sin dormir, siento que mi cráneo se fractura a cada instante…”

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Anotaciones del Dr. Mengele : 68 Experimentos

Posted on 06 January 2005 by admin


“Cada vez que realizo una nueva prueba y quiero evaluar sus efectos, inyecto cloroformo en el corazón de ambos gemelos para asegurarme de este modo, que mueran al mismo tiempo. Tras la autopsia examino las repercusiones sobre los órganos afectados en comparación con los órganos de su hermano, al cual he establecido como sujeto-control.

Debo admitir sin embargo que estoy exhausto, mis ideas me persiguen. Hoy por ejemplo, he efectuado más de 68 experimentos sin diferencias significativas. Solo distingo una columna de cuerpos amontados en la esquina, sin que ninguno de ellos lleve consigo la repuesta que tanto busco”

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Gabrielle Wittkop: Libertina

Posted on 06 January 2005 by admin

gabrielle_wittkop.jpgMe suicidaré a los 82 años. Antes claro, de haber nacido en Nantes y vivir gran parte de mi vida en Frankfurt. Nunca iré al colegio, estudiaré en casa. Entre otra cosas seré viuda, tras estar casada durante 40 años. No tendré hijos (odiaré siempre a los niños). No perteneceré ni a la derecha ni a la izquierda, la política me fastidiará siempre. Detestaré a las feministas. Continuaré siendo atea y escribiré a lo menos unos 14 libros.

Hace algún tiempo ya, planifiqué el suicidio de mi marido. Como sabía acerca de su determinación y dado su consentimiento, preparamos juntos la copa de veneno y fui yo quien puso la botella de champagne en la heladera antes de tomarme el día y salir de paseo para que él, cuidando - como habíamos previsto- no dejar un cuadro demasiado tétrico, pusiera fin a sus días.

Si su intención es explicar el origen de lo que algunos definen en mi escritura como morbidez esteticista es necerario se remonten a mi infancia. Siendo aún una niña, el librepensador que era mi padre decidió privarme de la escolaridad. Un día, me llevó frente a su inmensa biblioteca y me dijo: “Aquí no hay nada prohibido. Fórmate”.

Empecé a leer 4 horas diarias y me vi obligada a pensar por mí misma. Jamás estuve programada para formar parte de lo que llaman masas. Mi madre era una escritora rusa que falleció tempranamente. Fue así como crecí: ignorada por todo el mundo mientras era críada por una negra de Martinica, sólo el divino Marqués de Sade, Voltaire, La Mettrie, Holbach y Condillac me salvaron de la soledad más absoluta y el completo autismo.

Durante la Segunda Guerra, conocí a Justus Franz Wittkop, un desertor alemán 22 años mayor. Vivimos juntos a lo largo de cuatro décadas. Nos amamos como dos amigos. Nuestra unión no fue convencional, se tratata de una alianza intelectual. Nos contábamos todas nuestras aventuras.
Cuando me aburría de la sociedad de Bad Hombourg, viajaba sola por Tailandia, Sumatra, Brasil o la India, dedicandome a escribir reportajes para el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Durante una estancia en Bombay, caí en otro idilio de este tipo, con un hombre llamado Christopher, también homosexual, como lo era mi esposo. Cristopher moriría más tarde apuñalado en un prostíbulo de la capital India. Ha sido en él en quien me he basado para crear a Lucién de El Necrófilo. Luego, en La Muerte de C. “mi libro más hermoso”, desarrollo diversas hipótesis para esclarecer su homicidio.

Llevar hasta el fin los valores libertinos, que excluyen por cierto cualquier autoridad moral o religiosa. En eso pienso tras colgar el teléfono. Simplemente le he anunciado a mi editora: “Voy a morir como viví: Como un hombre libre”

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La mitad más hermosa

Posted on 06 January 2005 by admin

Sucedió esta noche que la corriente se tragó a mi hermana. Vi su pelo flotando sobre el agua, su cuerpo enredándose entre los sauces. Después su frágil cabeza se golpeó con violencia hasta hundirse. Sin embargo, ella ya no estaba. Ni dentro de la profundidad ni en ningún parte.

La única mitad hermosa que tenía se ha ido. Si regresa , será convertida en espuma suspendida en el viento. Pero no lo hará porque antes de irse le he gritado que la odio. Mi pequeña hermana, mi única mitad hermosa. Le he pedido al agua te hinche lentamente y barra de tu piel todos los colores. Tu escuchas como te llamo pero eso no cuenta ya que estoy mintiendo.Tu risa me asusta. Ella nunca sabrá si juega o muere.

Sucedió esta noche que la corriente se tragó a mi pequeña hermana. Por eso la he sacado del río, para que duerma tendida junto a mí en nuestra cama.

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Besada

Posted on 06 January 2005 by admin


Cuando tú mueres tu vida estalla como un relámpago. Te desintegras irradiando energía. Cuando algo se convierte en su opuesto. Cuando el amor se convierte en odio siempre se libera energía. Pero cuando la vida se transforma en muerte es explosivo. Hay rayos de luz, mágicos y electrizantes.Todo el mundo siente algo, algún tipo de fuerza, de iluminación. Pero yo puedo verla. He visto cuerpos brillando como estrellas.

Algunos dicen que no tenemos alma, que después de la muerte no hay nada. Que la vida y la muerte son las dos únicas cosas sobre las cuales podemos estar seguros. Yo digo que pueden creer lo que quieran. Porque hagan lo que hagan, corten o quemen un cuerpo están ante algo que no pueden controlar.

Siempre me he sentido fascinada por la idea de la muerte. Por su sensación, su olor y su silencio. Cubro el cuerpo. Cubro a la pequeña ave con el ala rota. Después deposito el cuerpo. Me adentro en la noche. Y comienzo a bailar en torno a la pequeña caja. Me tiendo en el suelo y levanto la tapa. Saco una vez más el cuerpo y lo desenrollo cuidadosamente. Cierro los ojos, y lo huelo -es la unción me digo - la que recorre mi piel, mis piernas, mi rostro hipnotizado por su huella.

En la funeraria donde trabajo en cambio todo es distinto. El cadáver se tiende sin ningún cuidado sobre una mesa de porcelana. Luego es el propio señor Larson quien limpia con un jabón especial, la boca, encías, lengua. Las fosas nasales también son lavadas con esta solución.

Me encarga masajee por largo rato para de este modo remover en parte la rigidez mortal. Cuando esto no es suficiente debemos cortar los tendones y músculos que no responden a este tratamiento o que han sufrido de atrofia por para poder colocar el cuerpo en la posición correcta dentro de su féretro.

Durante el tiempo que dispongo para comer me dedico a aplicar sobre la cara y en las manos distintos tipos de crema, así consigo mantener la piel suave y moldeable. Las imperfecciones faciales en tanto se arreglan utilizando algodón en la nariz y una especie de copillas oculares con protuberancias ásperas, que se introducen bajo los párpados para mantener los ojos cerrados siendo este según mi opinión el mejor método, aunque en ciertos casos difíciles se hace inevitable el uso del pegamento.

Fijar de forma precisa el formador bucal fue lo primero que el señor Larson me enseñó a hacer. Consiste en poner un objeto al interior de la boca, al tiempo que garganta y traquea se taponean para absorber algún fluido que pudiera secretar el cadáver antes de ser enterrado. Durante esta primera fase procedemos atornillar la mandíbula antes que la boca se cierre por completo a través de unos diminutos alambres. A veces si el rostro presenta demasiado vellos me encargo de afeitar con mucho cuidado evitando en todo momento dañar alguna zona.

El proceso en sí mismo no comienza hasta después de haber localizado las arterias que se utilizarán para ese fin. El líquido embalsamador, contiene una solución de formol, y varios otros componentes, los cuales me ordena mezclar con agua e inyectar. Normalmente uso dos galones pero en el caso de diabéticos, o personas que han fallecido a causa del cáncer, la potencia del liquido disminuye por lo cual no elimino el agua. Solo de esta forma el cuerpo es preservado por el tiempo en que se encontrará expuesto.

La siguiente fase del proceso incluso después de toda mi experiencia como asistente es horrible. Es un proceso mutilador donde no se demuestra ninguna dignidad ni respeto. Comienza con un instrumento llamado trocar, que no es más que un tubo hueco o de acero inoxidable el cual tiene una punta afilada como una aguja gigante que se conecta a través de una manguera a un succionador. Después de introducirlo en el cuerpo - la mayor parte de las veces por debajo de la ultima costilla izquierda -, el señor Larson con el succionador aún funcionando, mueve el trocar hacia adentro y hacia fuera pero sin sacarlo del orificio completamente y de lado a lado a la vez que perfora toda la cavidad torácica, saca fluidos, gases y partes de órganos de distinto tipo los cuales van directo al sistema de desagüe.

Una vez terminado se reinicia el mismo proceso pero en la cavidad abdominal. Los intestinos, el estomago, riñones, útero y ovarios junto a otros órganos que no siempre logro identificar son destruidos mientras se extrae todo el contenido de dicha cavidad. Es ahí cuando se me vuelve a ordenar que introduzca una solución pura de fluido embalsamador que retarda la corrupción orgánica, la cual comienza en el mismo instante de la muerte. El agujero que queda al descubierto cuando el trocar se saca del cadáver es sellado con un botón especial relleno con un polvo químico. Con un objeto similar a un tornillo se sellan el ano y la vagina. Con los hombres uso algodón cubierto en este polvo para cerrar la uretra.

Esta jornada no dura más de dos horas. Tras eso permanezco a solas junto al cadáver el cual vuelvo a lavar a escondidas antes que el Señor Larson regrese. Me recuesto junto a él y siento la vibración de un temblor apenas perceptible. No flota en la sala ningún olor, oxigeno, o fluido, sino más bien algo parecido a lo que se desprende de la tristeza o del deseo.

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El Ojo de Bataille

Posted on 05 January 2005 by admin

Me siento atraido por La historia del Ojo de G. Bataille:
El “descubrimiento” sexual de dos adolescentes: Simone y el narrador. A lo largo del relato, en el límite de lo inconfesable, se mezclan el sexo la religión la violencia y la locura.

Ideas unidas de este modo siempre logran fascinarme.

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