
Un grupo de extraños ingleses de piel blanquecina, ojos hundidos llegaron cargados de maletas con aspecto sospechoso y una pequeña cabra a un pueblecito italiano en Sicilia conocido como Cefalu en el año 1922. Entre todos ellos destacaba la figura de un señor de cráneo rapado, cara de ángulos duros y mirada inquietante. Los habitantes de Cefalú en seguida le temieron. Sin embargo se produjo en ellos desde el inicio una secreta fascinación por este personaje del que aseguraban emanaba una fuerza extraña. Ese hombre no era nadie más que yo mismo : Aleister Crowley. O como han decidido llamarme muchos:
“El hombre más perverso del mundo”




















March 11th, 2006 at 9:57 am
¡Ciega agonía del pensamiento! Quien brinda su pluma, su pincel o su lira al Arte puede comprender en éste el símbolo de su batalla en contra y a favor de los hombres, el retrato del atormentado deleite de su necesidad; se sienta próximo a él el consumado del pensamiento mágico. Rodeado por su propio abrazo se sienta; rastrean los sabuesos invisibles el dolor sobre las hendiduras! Pronto, pronto estarán sobre él; pronto, los colmillos del odio, ¡los afilados dientes del infinito sobre él! ¿Podrá el amor, o la gloria, o la riqueza, abolir esos tormentos? ¿Qué sirena de voz y pecho dulces podrá conquistarle? ¡Ninguna, estad seguros!
Con sereno espanto el pensador formula la ley eterna.