Taxonomía del Placer

Posted on 22 June 2005 by admin


Esta noche la perfección se ha asomado sin aviso. Su piel tersa y morena permanece intacta, no se afea con la luz verdosa que resulta un desastre para la mayoría. El cabello rizado y negro, contrasta con el azul profundo de los ojos que, por descuido de alguien, siguen abiertos. La nariz, la boca y las orejas armonizan entre sí , aumentando la simetría de la cara, dando por irónico que parezca cierta expresión de vitalidad. El resto del cuerpo es igualmente bello, exhibe una gran definición muscular, y la ausencia de heridas, permite que pueda admirarlo en su estado original, o sea, intensamente hermoso. Apenas un defecto imperceptible: el color morado de los labios. Una lástima, es el problema de la asfixia y sus efectos.

Mi puesto como encargado de la morgue es el que mejor se adecúa a mis necesidades. Trabajo solo, lo que me evita tener que dar explicaciones. Además el horario nocturno es ideal para conocerse sin ser interrumpido. Durante años he venido desempeñando diferentes oficios , siempre dentro del mismo círculo, y ninguno me había dado tantas ventajas como este. En las funerarias por ejemplo, cumplía con vestir y maquillar los cuerpos, pero el tiempo de trabajo era tan reducido que nunca llegaba a vincularme afectivamente con nadie. Luego, como voluntario de un equipo de rescate, tenía incluso el desagrado de encontrar sobrevivientes. Después conseguí un puesto como fotógrafo forense, pero el hecho de guardar cierta distancia no hacía más que aumentar el deseo. De cualquier modo, estas experiencias me permitieron afinar aún más mis sentidos. Por eso, cuando leí el aviso publicado por el hospital, mis facultades estaban listas, y mi peculiaridad se encontraba más ansiosa y receptiva que nunca.

Debo confesar que el placer más agudo proviene de mi encuentro con la piel, un contacto en ningún aspecto similar al que se produce con una persona viva. A través de él, he descubierto el secreto de la anatomía humana y su textura. En el roce con un muerto es imposible confundir la satisfacción sensorial con cualquier sentimentalismo, siempre ilusorio y falso. En cuanto al sexo del cadáve, es un elemento irrelevante e independiente de la exploración que me ofrece. A tal punto he llegado, que he podido elaborar una modesta taxonomía, donde el placer es clasificable según el canal al cual estimula. Se encuentra de este modo, el placer srcofiano, propio de las mejillas, el pecho y el vientre. El placer dermestiano , exclusivo de los labios y la parte húmeda de los párpados . Por último el placer sedoso, del cabello y el vello púbico. El goce visual presenta también su distinción: es así como el tono de la piel y los ojos, despiertan diferentes emociones: los colores claros me producen una grata serenidad; los tonos más intensos en tanto, me envuelven de energía y disparan lejos mi excitación.

Aunque otorgo a la examinación largas horas, ésta corresponde apenas una etapa de la experiencia. Ya saturados los sentidos. Vuelvo a la observación minuciosa del rostro y la expresión estampada al momento de morir. La frase “ rostro sin vida” es una clara muestra de la ignorancia que lleva al desconocimiento del lado sensitivo de la muerte. La expresión facial de un cadáver refleja la esencia de la vida mejor que ningun otro medio. La gente dedica su existencia al desarrollo de gestos con el fin de ocultar sus verdaderas emociones. Cuando involuntariamente se manifiesta la prehistoria emocional, la más básica, anterior a cualquier idea absurda de moralidad, ¿quién registra su imagen?. Y aún, suponiendo que fuera posible, ¿quién desearía compartir su vulnerabilidad?. ¿La tragedia de los vivos no radica acaso en disfrazarse?. Pero, un cadáver… ¿Qué pretendería ocultar?. No es solo la desnudez de la expresión, sino el significado que revela al haberse dado justo en el momento de la muerte.

Me apasiona la idea de reconstruir una vida a partir de unaexpresión, la cuál, refleja el misterio de las relaciones que ha dejado atrás. Siguiendo esta premisa llevo un cuaderno de anotaciones bajo el título Fisonomía de la Existencia. En él, registro todos los rasgos que aparecen en cada cadáver. Después observo cuáles se repiten con más frecuencia y los agrupo en categorías. Finalmente consigo un patrón que relaciona los grupos con el tipo de existencia que han llevado. En este análisis prefiero omitir la causa del fallecimiento, excepto en los suicidios, cuando preciso de conjeturas más detalladas. Si fallo en este intento, no importa. De cualquier modo, nadie sabrá nunca de estas anotaciones. Su único objetivo es atesorar el recuerdo de aquellos, hombres, mujeres y niños, con quienes me he relacionado. Casi siempre el término de dichas notas coinciden con un hilo de luz filtrándose a través de la estrecha ventanilla de la morgue.

No hay duda. La perfección se ha instalado junto a mí esta noche. Rostro, boca, manos. En pocas horas vendrán las manchas que estropearán su piel tersa y firme. Aparto por un instante la vista para despedir a los camilleros. Miro hacia afuera, y me apresuro en cerrar la pesada puerta. Las manchas ya no tardan, siempre las mancha .

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