Hombre, mujer o andrógino—. He sido todos ellos. Criatura de una raza sobrehumana que rige el mundo desde lo invisible. Fui llamado Miss Lilliane y también por otros muchos nombres. Divino,encantador y huérfano. Reina sobre Ruinas, Soberana y Amelanina. A los temblores de la muerte me asemejo. Sé del dolor y el espanto, y creo conocer también cómo es la muerte. Oigo desde aquí el griterío de otros Dioses. Maldita es mi extravagancia de bestia, su Beso es frío, su anatomía escarlta e incierta.
Mi carne es del color de una calavera blanqueada al sol y el largo cabello que cae sobre los hombros es de un blanco lechoso. En mi rostro ahusado destacan los ojos tristes y de un vacío rojizo. De las mangas de mi blusón surge un par de manos delgadas, también del color del hueso, que descansan eternas apoyadas en un trono esculpido especialmente para que sobre él se me exhiba.
Ya no temo, mientras restauro la belleza que poco a poco se destruye. Los sueños, que antes me aterrorizaban , arrastrándome hacia la locura son ahora escasos, apenas puedo recordarlos. Planto arbustos y flores allí donde sus ejércitos desfilan. La Tierra vuelve a ser ser albina, tranquila y hermosa. Contrasta brutalmente con la densa oscuridad de sus horribles cuerpos.
Poco a Poco se instala una luz blanca y sobrecogedora, una luz tan bella que puede ser contemplada de frente sin sufrir ni siquiera por un instante. En el centro de esa luz, se esconde un secreto ante el cual han de arrodillarse algún día , del mismo modo como me arrodillé yo en el pasado ante su brutal condena.











