Él desconoce mis propósitos,
Ignora la desgracia de este siervo.
Toca a mi puerta y dice:
” ¡Cobarde!
¿ Por qué lloras?”
Y yo enflaquecido sobre mi cama le respondo:
” Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde le han puesto “.
Abro los ojos en negro,
siento el error que me persigue,
que nos persigue y nos quiere nuevos.
Frente a mí sus manos agujereadas
sosteniendo la luz a la entrada del túnel
y su voz advirtiéndome:
” No me toques, porque aún no he subido a mi Padre,
y a vuestro Padre, más ve a los otros y diles:
Subo a mi Padre, y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios “













