Mi Mano:
¿ Qué diremos de ti?
¿ Por qué guías incansable los rebaños de mi cuerpo?
¿ Y de mí?
Que no logro prescindir de tu leal servicio.
¿ Quién fue el primero que vació el placer sobre sí mismo?
Yo nunca he visto a Dios,
Sin embargo, en mi espejo te he visto a ti,
Descendiendo, malogrando.
Mi raíz inclinada hacia el deseo,
En medio de una noche interminable,
apretando los órganos.
Soberana de un sitio ya conocido.
Cuando muero de hambre
sobre la cama vacía y estrecha
Eres tú mi única amiga,
Que me divierte
con su mueca inutil pero inmensa.
Eres mi amante verdadera,
En ti descanso y reclino mi pobreza.
Vienes a mi arca,
al ardiente recinto donde guardo,
Y en ese artificio que es solo y es oscuro
trepamos juntos a la cumbre.
Torpes se tornan allí las palabras
Solo el movimiento es el lenguaje,
el que no turba
el que más turba.
Se instala un santuario
donde mi triste sexo iluminas.













