Nota: Comentario realizado por Ariel Quiroz sobre el texto Sukiyaki con Sagawa
Siempre he pensado que el canibalismo o la antropofagia, como quiera llamársele, es un concepto interesante desde el punto de vista intelectual y creativo ya que funciona como metáfora. La carne y la sangre representan intelecto, alma, fuerza, poder, identidad, etc. No por nada existió en Brasil un movimiento artístico llamado “antropofagia” liderado por el poeta Oswald de Andrade –“tupi or not tupi, that is the cuestion”- y a la mujer que se comía y lo comía, su esposa la pintora Tarsila do Amaral. Un Hanibal Lecter en el cine, un Drácula. Y por más que he tratado de autoconvencerme de que es una locura y no es viable por lo peligroso que resultaría legalmente ser descubierto en la práctica de este “pecado”, no paro de fantasear con una cena de estas y enterarme por diversos medios que la carne y sangre humana traen multiples beneficios, físicos y metafísicos. Por odio o por amor, es igualmente recomendable. Recuerdese los Yanomamis de Downey diciendole que han llegado a quererle tanto que serían capaces de comérselo si el muriera con ellos. La verdad la necrofilia no me logra atraer tanto como el sadomasoquismo, y esto ya me atrae poco, pues tampoco soy capaz de cargar con “huellas” ni ha sido mi intención dejarlas en instantes de pasión (recuerdo el cuerpo de una amante a la que le dejé sangrando su lengua de un mordisco por venganza. Otra la piel marcada con mis manos después de una relación sexual muy intensa y extensa, marcas que se transformaron en hematomas y que no tuve intención de provocar, mas bien “me borré”.
En algún momento me divertía y producía placer la adrenalina que provocaba el agarrarse a puñetes con alguien, pero solo a puñetazos, sin el uso de armas. No sería capaz de quitarle al vida a nadie, a no ser que fuese con su consentimiento o en defensa propia ¿ Cuanto deberé esperar entonces por ese placer?. Mientras tanto me conformo con comerme las uñas, el cuero de las manos, sobre todo los dedos, beber mi sangre. Me me he transformado en un Autofago. Un vampiro pasivo, si no dependiera tanto de mi integridad ya me hubiese amputado un trozo de carne y me lo hubiera devorado, solo resta fantasear y masturbarme comiendome autorretratos, autobiografias.
Me siento como el que lee revistas pornográficas, el papel lo aguanta todo.











