El ¿ Quién la hora puede saber, Querida mía, cuando se enfría la sangre de un anciano?
Recitará más tarde Yeats a una joven mientras frota su nueva erección contra la mesa. Porque no es que de pronto uno abandone el placer. Es el placer que así, sin más, lo abondona a uno.
William Butler Yeats fue el primero en venir. Supera escasamente la cincuentena y ya nota un severo decaimiento de su potencia sexual. Continúa escribiendo afirma pero su ingenio se ha ido: ” Los versos se vuelven cada vez más frios y cerebrales. Todo el deseo y lascivia que hacían surgir mi Poesía se diluyen”
Ha sido un amigo quien en un intento por consolarlo le ha contado acerca de mi tratamiento que consiste en el trasplante de testículos de mono al escroto de un hombre. Intrigado decide de inmediato contactarme y fija un encuentro en Viena para ser intervenido lo antes posible.
Es el verano de 1934 y tengo al poeta en persona sentado en mi consulta. Comienzo a explicarle sobre las variaciones en el procedimiento durante los últimos años. De lo impresionado que estoy con las operaciones de cambio de sexo en ratas y conejos por medio de la castración y transplante de glándulas endocrinas. De como uniendo los conductos deferentes en animales seniles logro provocar atrofia del epitelio seminal, sin daño alguno sobre las células de Leydig, produciéndose incluso hipertrofia e incremento de la actividad sexual.
Finalmente le planteo que sustituir el testículo no es necesario. Igual resultado, puede lograrse con la simple ligazón de los conductos espermáticos, obstruyendo en parte el precioso fluido, dejando su ímpetu creativo tanto para la carne como el espíritu. Así un hombre que envejece, se verá inundado de hormonas sexuales en su organismo las que traerán consigo el ansiado rejuvenecer.
Al poco tiempo es el propio Sigmund Freud quien me recibe en su despacho. Es muy serio, pero sonríe cuando señalo que una “desarmonía” del alma podría explicarse por una “deshormonía” en una glándula. Al final del encuentro reitera su interés de someterse a mi operación. Durante los meses siguientes no se cansa de asegurar que el resultado ha sido fantástico. Siente que su vitalidad se fortalece y que hasta su cáncer de mandíbula se ha visto influenciado favorablemente. Sin embargo, me pide no comentarlo a nadie hasta después de su muerte. Promesa que he guardado. Pero no sólo Freud sino cientos de notables figuras han rejuvenecido a través de mi técnica. Es increíble lo que se registra posterior a la cirugía:
“ El corazón se hace más fuerte, el pulso se torna regular, se normaliza la presión arterial, cefaleas y vértigo cesan. Aumenta el apetito y el metabolismo. La musculatura se refuerza. El andar es firme y erguido, el sueño se restaura y disminuyen las micciones nocturnas. No hay duda que las facultades mentales se reestablecen”.











