Borges me Odia

Posted on 13 January 2006 by admin

Llevo 7 inicios. No es automática, es casi. Borges me Odia. Caigo en la cuenta que soy incapaz de escribir. Continúo. Borges odiaba los juegos o malabares de palabras. A excepción de uno que escuchó a partir de una conversación sobre la religión de Norman- su traductor al inglés-. Al responder éste: Nada, el sacerdorte que hacía la pregunta dijo: “Nada nada y no se ahoga” . Está claro que para dicho escritor no representaría más que un travesti artificioso, cosa que por cierto soy.

Ayer, tras haber entregado mis datos a una multitienda en busca de trabajo, me dediqué a pasearme por el Mall, centro comercial, contrucción grotesca, espejismo de vitrinas y decoraciones que da igual se ubique en Oslo, South beach o Concepción. Uniformidad visual al alcance de todos. Estoy esforzándome por no desistir. Desisto pero vuelvo. Alguien me llamó para que viera el cierre de campaña Presidencial de Michelle Bachelet. (la acompañan, Miguel Bosé, Ismael algo, Ana/V/Manuel, solidaridad, Armada española. Bosé nuevamente gordo, tal vez tenga un Blog. De otro modo, no podría considerarse un hombre renacentista)

Sigo entre la gente. Me siento un poco el tipo de “Malas Compañías” asunto que me mantiene excitado al menos por unos minutos. No doy con el personaje, quizá 10 años atrás. ¿ Por qué nadie ha escrito aún Lolito? Apenas un The Boy de Murr, un Allan Stein. Los baños blancos casi transparentes son orificios que conducen a la filosofía.

Cuando camino siempre estoy tocando mi cinturón, ajustandome los pantalones. Mano en el cabello, mano en labios. Mano en la frente. Algo en el ojo, algo que es miedo. Tendencia constante de los ojos hacia el suelo. Overacting versus Timidez. Voy hacia los libros.

Los Suicidios más importantes. Cubierta negra. Una soga sobre el título para que los clientes no terminen llevandose a sus casas suicidas filantropos o suicidas egoistas, seguros de haber comprado una biblia, que es según ciertos exégetas, la segunda mayor recopilación de suicidios encabezada por el mismisimo Jesús y su Jesuicidio. “Adios mundo cruel “ se lee en la portada. Sonrío. Mis sonrisas, no son risas. Muecas mínimas desprovistas de tensión muscular, a esta ausencia atribuyo el escaso trazado facial que exhibo. Si combino estatura, movimiento corporal calculado y una autoproyección infantiloide, lo desvalido y ordinario se transforma en una anatomía confeccionada a medida o desmedida, como esos impermeables que pueden usarse por ambos lados, donde siempre uno de estos es más feo que el otro.

Juventud. A veces expongo el caso de Julio Cortazar que padecía una extraña enfermedad, tan dolorosa como retardadora del envejecimiento. Si es un hecho falso poco importa, construir o difundir mitos estimula. Estimulantes y umbral de la imaginación. Que estimulante es lo estimulante.

El libro incluia algunas cartas y notas pertinentes esto es, notas suicidas. Las notas de un suicida - o asesino en 180° como descalifica un psiquiatra- presentan en su mayoría un modelo narrativo equiparable en interés, solo al de las guías telefónicas pero un poco más limitado en extensión.

- “Sandra, no te olvides de pagar la cuenta de gas el lunes, te quiere. Mamá”
- “Vivir ya no tiene sentido. Adios”.-

Después de leer parte de un analisis de contenido realizado para efectos de una Tesis sobre el tema, tanta lucidez avant mortem se me hizo insoportable . En ciertos casos, quedé con la duda de si estos hermanos, madres, padres, amantes, hijos. Veían o no su muerte como un suceso maravilloso pero irrepetible.

Los hombres se matan con un revolver mucho más que las mujeres, a menos que ellas tengan el arma en su mano, ahí la figura cambia a homicidio, que es un poco distinto. ¿Por qué las mujeres matan mejor? otro misterio. El revolver remite al falo. Los hombres apuntan luego con un pene a su frente o bien, lo introducen algunos segundos en su boca. Prueba indiscutible que la heterosexualidad pura no existe. Los hombres deberían abandonar la alquimia y hacer suyos los avances de la farmacología. En cuanto a mí, la vanidad y la inercia me arrastra a los comprimidos. Me comprimo.

No. No compré el libro, aunque lo hubiese hecho de haber contado con más dinero para largarme de una vez.

- ¿Quién le dijo que estaban en oferta?. Si los ve así, amontonados es porque nos estamos cambiando junto a los chocolates y las conservas. A esa altura lo único en conserva era mi deseo de comprar un libro. Sobria excusa de alejar los dedos de la boca y compensar a través del peso la cojera mental que evidencio en lugares públicos.

Un texto de J. Marías - las imprecisiones son también casi automáticas, fluido de conciencia, surrealistas- Ecuacion Mental= J.M tiene un blog. Sí. Un Blog que está entre los enlaces de Nicho. Un blog que visité pero del cual no recuerdo nada. Los blogs engordan y destrozan la empatía social. Nos convierten en eremitas como el abuelo de Heidi. Peor, provocan extraños estados de enamoramiento. Pienso con frecuencia en el desarrollo de esa idea.

” Un sujeto en un tren en marcha. Los ruidos más imperceptibles lo conmueven. ¿ Es de J. M, Nicho? Puede ser. Era rojo y eran rojos. Tardé mucho en sacar uno. No podría asegurar si los estaban reponiendo o liquidando. Tomé el ejemplar extraido y lo puse entre los de esoterismo que estaban menos apretados y limitaban con los de autoayuda, los cuales en cambio gozaban de un considerable espacio entre sí. En esa categoría había más demanda.

“Historia de la Tortura hasta nuestros días”. De inmediato supe que era un imposible. Anoche leí “El Embudo de Cuero” que me decepcionó hasta el adormecimiento. Prefiero el sueño de sus hadas disfrazadas. El oscuro acero de las enormes sillas y el brillo de las Máscaras de la Infamia traspasa el fino papel que las encierra. EL Jardín de los Suplicios. He leido casi todo sobre el libro, menos el libro. Las esencias y flores son caras. Torturen o deleiten.

Avanzo hacia la salida con los ojos hundidos de vez en cuando en el piso. Disimulo la mente que cojea . El cuerpo restaura el equilibrio, lo sostiene el peso que ahora lleva en su mano izquierda.

3 Comments For This Post

  1. Nicho Says:

    “Los urinarios de caballeros están junto al mercado y a ellos baja de vez en cuando algún verdulero, algún carnicero, o un chico que trabaja en una frutería y no viene a orinar, sino a masturbarse. Los urinarios son profundos, geométricos, grises, como hechos de un feldespato indefinible, pero sin duda falso, industrial, y huelen a mar muerto y hombre sucio, a sal y a piedra húmeda, a cañería. La señora de los urinarios es una mujer grande, blanda y con gafas intelectuales para el estrabismo…
    A los urinarios no bajan solamente los hombres verdes o rojos del mercado, con su uniforme natural de escamas o de sangre (lo hacen casi siempre a la misma hora), sino que bajan también señores de paso, muy puntuales asimismo, desconocidos señores solitarios, de gris o de luto, que llegan andando por la acera muy despacio, quizá con un periódico en la mano, que bajan las escaleras muy despacio, por la derecha y sujetándose a la barra, que orinan muy despacio y se van muy despacio, que lo hacen todo muy despacio…
    Los señores de la Audiendia van a mirar de reojo pichas de hombre-hombre, o de delicado y turbio adolescente…
    Por quien más teme la señora de los urinarios es por los niños que bajan a mear (si alguno se masturba, ella hace como que no se entera: son como ternerillos locos). Cuando, raramente, salen juntos y señor y un niño, ella se va detrás, les vigila desde la barandilla de los servicios y cuando ve que al fin se separan, generalmente con una perdida y vaga caricia del caballero al chico, se queda más tranquila. A lo mejor se han citado para más tarde, pero esto ella no tiene porqué pensarlo.”
    Sacado de UN CARNÍVORO CUCHILLO, de Francisco Umbral (1988)

    P.S.: sobre esos cantaores españoles mejor no hablar.

  2. oscar orellana Says:

    A lo mejor se han citado … A lo mejor. Ella no tiene porqué pensarlo pero yo sí. Voy a pensarlo hasta malpensarlo hasta ma…

  3. Mariana Díaz Says:

    Los blogs engordan y destrozan la empatía social. Nos convierten en eremitas como el abuelo de Heidi. Peor, provocan extraños estados de enamoramiento. Pienso con frecuencia en el desarrollo de esa idea.

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