
No pude evitar que la bolsa se rompiera. Entonces una de las larvas se adhirió a mi pierna y comenzó a hacer un pequeño agujero llevándose hacia dentro todo lo que había perforado. Al inicio pensé: “es mi piel, no debo hacer nada” . Sin embargo, ya no estoy tan seguro.
Le tomó más de 4 años al proceso de regeneración tapar el hueco. El mismo tiempo que tardó la larva en fijar la piel que ahora usa para envolverse y dentro de la cual crece. Durante los años que la herida se mantuvo abierta no pasó ni un día que dejara de observala. El parásito es de modo increíble inteligente y hace uso de los mecanismos más extraños para librarse de cualquier intento de mi organismo por eliminarlo.
Cuando comenzó a desplazarse no superaba el 0,1 milímetro de longitud. Pero ahora al notar como parte de de su cuerpo sobresale a la altura del abdomen calcular su tamaño solo me llena de espanto.
Por las noches es cuando más avanza. Al ir envuelta en mi propia piel evita las defensas, las que confundidas terminan por abrirle paso mientras se precipitan en su interior para alimentarla. Enciendo una vez más la luz del cuarto y leo sin necesidad de abrir los ojos el mismo parrafo :
“Los estrepsípteros- son los insectos parasitos más extraños. Permanecen dentro toda su vida. La larva, que en principio es minúscula crece hasta llenar por completo el cuerpo que desde el primer día se come desde adentro”











