
Cuando le pido eleve al cuadrado 365 365 365 365 365 365 comienza a dar vueltas por la sala, choca contra las paredes, sin embargo, continúa corriendo. Se muerde las manos, sonríe, murmura. En menos de un minuto contesta:
133 491 850 208 566 925 016 658 299 946 583
El proceso siempre es el mismo, igual de agónico como extraordinario
Habla poco. Ayer abrió una sola vez la boca. Se paró frente a mi escritorio y señaló :
” el cuarto sabado de febrero del próximo año caerá en el día 22″.
Dicho esto, salió arrastrando los pies provocando un ruido insoportable.
Le basta echar una mirada a cualquier cifra para repertirla correctamente. Cito un ejemplo:
Dos meses atras anoté 27875145387941732 sobre la pizarra, esperé unos segundos y luego la borré. Esta mañana al preguntarle su significado se toma unos segundos - que no requiere salvo para molestarme - y sin mucho interés explica que se trata del logaritmo 1.9 , seguido de la fecha en que cayó Constantinopla, la proporción de gente muerta que hay justo ahora entre nosotros, hace una pausa y concluye: “también es la raíz cuadrada de tres”
Christian Hernaker, que es el nombre de este niño prodigio, supera cualquier caso de calculista o genio del cual tenga conocimiento. A las pocas horas de su nacimiento empieza a hablar. A los catorces meses repite la blibia entera de memoria. A los dos años se sabe 223 canciones, 80 salmos en latín y más de 1500 versos . Pasan cinco meses y ya habla con fluidez hebreo , francés , italiano y alemán.
En medio del festejo de su cumpleaños número tres, sus ojos se detienen en el reloj que marca las siete, se levanta muy rápido y solicita a todos los invitados se retiren. Da inicio así al aprendizaje de sánscrtito, arabe, arameo y siríaco. A los que le siguieron malayo, chino, bengalí y otros que coronaría con el mahratta, a la misma hora pero del año siguiente.
A los cuatro años siendo las siete de la tarde y ante la mirada atónita de quienes le observabamos, su cabeza cae hundida sobre el pastel. Fallece sin duda agotado.











