El Exhibicionista de Ducham versus Admiración Mutua

Posted on 20 March 2006 by admin

Fe en las ratas:

( Reparo el error y adjunto una fotografía de mayor calidad. Concuerdo que la primera es pésima, tal vez porque el fotografo no pretendía hacer arte y olvidó darme las instrucciones de cómo y cuando posar en su apuro por meterse también él en la ducha.

Si la imagen desentona con el “texto” es algo que voy a meditar. No hay duda que la foto perfecta sería una exhibiendo a plenitud las tripas desparramadas de mi padre muerto pero no hay registro, salvo en la memoria, de tan histórico momento)

Ducha am.

Mi pico es un gusano, que aun de cortarse por la mitad, un extremo continuaría moviéndose. ¡Pero que excursión la de anoche! Erecto como caballo, me abro al viento. No me interesan los desvíos, más bien la gravedad, sus principios, esa línea de semen que corre hasta deshilacharse entera sobre un culo, sobre este culo. Cuando la ultima gota se pierde, asoma un vacío de muerte.

La idea del placer es enorme, siempre ridícula. Disfrazado de grito o contorsionista. Joven, viejo, grasa, plástico o físico culturismo. ¿Qué otra cosa puede ser más profunda que un hoyo donde hundir mis manos cleptómanas, los dedos inquietos, asesinos? Modificar la anatomía, reacomodarla, de modo tan bello, otras veces horriblemente.

Si esta dilatación fuese irreversible. Si permanecer así desencajados; una escena inagotable, dejarían de crecer cadáveres en la tierra. La decepción, que es todo el resto, también copularía. En pleno goce reclamo mi derecho a ser Dios, porque el sexo es la fe, el alimento del cual comemos todos los cerdos.

Vulgar, grotesco. No escribo para complacer, escribo para complacerme. ¿Y si carece de sentido? ¿Y si las palabras repiten siempre lo mismo? Ahí tienen la buena literatura, el edipismo, la indiferencia, con que amordazar los ojos o bien arrancarlos de su hueco.

“Esta historia comienza sobre el mar” será la primera frase del libro - dije - , sin apartar los labios de la ventanilla. Ahora que la escribo me parece la primera frase más olvidable que exista. Imposible y olvidable como lo eres tú, que te llamas Oscar Emiliano Orellana Vergara y tienes un hijo al que has puesto Oscar Manfredo, en homenaje a un futbolista italiano que nadie recuerda. Imposible, como aquel día, entre 1978 y 1980 , cuando te metieron dentro de un saco, con el cuerpo unido a un trozo de hierro, el abdomen recién abierto y tus intestinos esparciéndose en el aire en forma de sonrisa.

Sobre el mar, en dirección al mar, lanzado al mar. Cayendo, incluso más alto que aquella oscura Torre.

Sobre el mar y hacia el mar , que visto desde arriba parece siempre tan hermoso.

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