El tacto, el evangelio más brillante.Tu espalda, una columna clara y dura. Mis dedos, la sed al borde del agua. Por las grietas, entre las uniones de ésta acalorada arquitextura, nos asomamos tristes algo vacíos. Después, la luz interrumpe ahí un hallazgo.
Todo es fuerza, todo es reposo. Un silencio pregunta: ¿Es ahora el momento? Porque no me resigno a tus contornos, a su cruz hecha de fuego. Cuando la respiración se tiende a lo largo, el paisaje entero se comprime sobre el piso.
La cama como tumba incita y resucita. Hace de nuestra descomposición la más bella presencia
No existe una tercera celda entre ellas. No hay nada al borde de sus cerraduras. Nada malévolo en sus cerrojos pintados de negro o en aquel buffon sosteniendo la misteriosa aguja…
Agradezco tu información sobre el libro. Aunque gigante, lo he comprado. Está compuesto, por autores a la moda, que se han retrasado en la moda unos cincuenta años; así que nos hace aparecer a todos como vanguardistas. Para colmo nos sitúa justo al lado del imposible Monsieur Cerone. Toda una gracia. Y no pienso tanto en mí como en los otros plagiadores. ¡Pobre Julio! Le destrozan.
Sobre tu carta no hace falta señalar que me interesó mucho. Desde luego te equivocas cuando afirmas que si no he plagiado todo lo que escribes es porque no estimo tu obra. No lo he hecho, o mejor dicho, no he podido hacerlo porque mis plagios nunca abarcarían temas como el cultivo del higo, asunto que parece intersarte bastante y sobre el cual - estoy seguro- ya sabes demasiado.
De lo único que se podría acusar a The Church of Euthanasia (CoE) es de su mal gusto a la hora de seleccionar material porno. Su fundador (que pefriere ser llamado Reverendo) encabeza esta organización decidida a restaurar el balance entre la especie humana y el resto de las especies, a través de una petición para que nos exterminenos de modo voluntario y pacífico . El único mandamiento a seguir es “Save the planet, kill yourself” . Para bien o mal, he fundado la única religión anti humana del mundo dice el Reverendo. Extraña comunión de grupo vanguardista con secta, el CoE ha tenido sus momentos, como el ataque que realizaron contra un banco esperma, en el cual exigían que todo los depósitos fuesen destruidos. I like to Watch ( que pese a comprobar la letra aún me suena a “I like too Much”) es una curiosa exhibición que mezcla fragmentos noticiosos sobre el ataque contra el World Trade Center, más pornografía explícita (exhaustivo inventario de eyaculaciones vintage/retró) con escenas deportivas. El Reverendo, insiste que hay un importante mensaje detrás de las imágenes que demuestra toda la energía sexual, brutal y reprimida oculta bajo la reiterativa superficie mediática.
“Solo aquellos que se han practicado una lobotomía serían incapaces de ver un simbolismo sexual en estas Torres Fálicas y monstruosas penetradas en primer plano”
El Reverendo continúa:
“No creo ser la única persona en el mundo que sintió una rara satisfacción al ver caer dos de los edificios más altos de América. Sí creo ser, uno de los pocos con el valor de admitirlo en público. Como artista, tengo la obligación de capturar mis sensaciones tan exactamente como sea posible. Tal vez esto me convierta en un monstruo, aunque de ser así, de seguro no estaré solo en el planeta .”
I have no particular desire to live.
I have no particular desire to be killed.
It is a matter of indifference to me.
I do not think I am altogether right.
I never could understand myself
Querida Señora Budd
Creo que fue en 1894 cuando un amigo mío se embarcó como ayudante de cubierta en el vapor Tacoma. Zarparon de San Francisco rumbo a Hong Kong. Al llegar allá, él junto a otros dos marineros desembarcaron y fueron directo a emborracharse. Al regresar a puerto, el barco ya se había ido. En aquella época China padecía una hambruna terrible por lo cual, incluso la carne más barata costaba de 1 a 3 dólares la libra.
A tanto llegó la escasez que muchos niños comenzaron a ser vendidos como comida con el proposito de que los adultos no murieran de hambre. Por ese entonces, alguien menor de 14 años no estaba seguro en las calles. Uno podía caminar hasta la tienda y pedir carne o costillas y de inmediato, era traída al mostrador la parte desnuda de un cuerpo para que uno eligiera la que más deseara.
La parte trasera de un niño o niña se consideraba la más deliciosa y era vendida en cortes muy finos, a un precio altísimo. De lo que sí estoy seguro, es que mi amigo John permaneció allí el tiempo suficiente como para tomarle gusto a la carne humana. A su regreso a Nueva York se robó dos niños de 7 y 11 años. Los llevó a su casa donde los desnudó y amarró en un closet. Quemó luego todo lo que traían puesto. Apaleándolos varios días y noches con el objeto que se ablandaran lo más posible.
Decidió matar primero al niño de 11 años, puesto que tenía mayor cantidad de carne. Cada parte de su cuerpo fue guisada y comida excepto la cabeza, los huesos y las visceras. Hasta el último trozo fue hervido y frito. El niño pequeño fue sometido al mismo proceso. Por ese tiempo yo vivía en la 409 este con la 100 sur, muy cerca de donde se encontraba su casa.
Tan seguido repetía lo buena que era la carne humana que me hice a la idea de que debía probarla también. Fue así como el domingo 3 de Junio de 1928 toqué a su puerta, justo en la calle 15. Tal vez no me recuerde. Llevaba queso y algunas frutas que compartimos tras su delicioso almuerzo.
Cuando su pequeña Grace se acercó para sentase en mis piernas decidí que debía comerla. Bajo el engaño de llevarla a una fiesta pedí le diera permiso a lo cual usted accedió después de discutirlo un rato con su esposo. Caminamos de la mano largas calles hasta una casa vacía que había elegido con anterioridad, cerca de Westchester.
Al llegar, le dije que permaneciera afuera. Mientras ella recogía flores subí rápidamente al segundo piso y me quité toda la ropa. De no hacerlo, se mancharía de sangre. Cuando estaba todo listo corrí hacia la ventana y la llamé. Me escondí detrás de la puerta hasta que estuvo en el cuarto.
Al verme desnudo comenzó a llorar y trató de escapar por las escaleras. La sujeté pero no paraba de gritar. Como continuaba arañando y mordiendo tuve que asfixiarla hasta que por fin dejó de moverse. Luego la corté en pequeños pedazos para poder llevar su carne a mi departamento. Ahí prepré su estupendo y delicioso cuerpo. Me tomó cerca de 9 días acabarla por completo. De haber sido mi intención hubiera tenido sexo con ella, pero no quise. Puedo asegurarle que murió virgen.
- Ausencia de estructuras racionales.
- Opresión total: las obras operan sólo en términos de dolor, artificio y contrato.
- Carácter opaco (negación de cualquier deseo ilusionístico) y corporal (conforme a su verdadera naturaleza)
- Máxima sencillez.
- Densidad casi inmaterial, nunca maternal.
- Superficie encefálica monodogmática. Generalmente pintura roja sobre uñas blancas, modificadas por limas o cortes casi imperceptibles
- Utilización directa sobre el material manipulado.
- Aplicación en distintos usos a fin de explotar su movilidad física.
- Creación de contrastes: amante-mate, lame - yo aspiro, opaco - tu mente, tu finge cuando te miento.
Por último, se recomienda pieles de gran formato ( sin marco para renovarlas tras el desgaste)
Tiene el cuerpo en forma de cinta, muy alargado. Es de color plata intenso, con rayas oscuras e irregulares. Una aleta de color rojizo, se origina en la parte superior de la cabeza y cubre la totalidad del dorso que agita de vez en cuando. Tiene un ojo muy grande, plano, con una pupila tan negra que resulta transparente. Lo más fantástico, es sin duda la boca, que no presenta dientes. Sus labios son del todo flexibles, se abren y cierran de modo perfecto, como si del obturador de una cámara fotográfica se tratase. Esto me hace pensar que funciona cual colador gigante, donde quedan atrapados cientos de pequeñas criaturas.
Mientras la observo, comienza a vomitar y sus colores se tornan menos luminosos. Continua así por varios minutos, luego vuelve a adquirir ese tono plata del inicio. De pronto, el descubrimiento de unas extrañas plumas que nacen justo en el borde de su cabeza me sorprende. Las heridas brillan ahora con más fuerza sobre la piel algo seca. Vuelvo a mirar aquella maravillosa anatomía. Es ahí cuando me doy cuenta que ha cambiado, que no hay nada dentro de ella, que se ha decidido a no sobrevivir.
Decido buscar un congelador. Enrosco sus diez metros de largo y manejo hacia el pueblo. Pero no puedo dar con uno lo suficientemente grande como para contenerla. En cada sitio donde detengo el camión, la gente corre horrorizada o bien se queda inmóvil, sin poder salir de su asombro. Repiten que jamás habían visto criatura semejante. Es un pez mágico, con una tristeza abrumadora.
Al final del día regreso a casa, y la dejo en un depósito cercano, rodeada de todo el hielo que he podido conseguir. Por la mañana, mientras camino en dirección al sitio, un viejo que está sentado al borde de la playa me detiene y sin levantar la mirada empieza a decir que después de tomarse una foto y hacer algunas bromas con el monstruo, los hombres ya aburridos y temiendo por la mala suerte, simplemente la han arrojado desde lo alto contra las rocas.
Siendo médico personal de Abbas II, jedive de Egipto; entre mis funciones estaba el cuidado de los eunucos que custodiaban los harenes. Al obervarlos detenidamente comprobé que la extirpación de sus testículos producía en ellos un decaimiento físico comparable solo a la vejez. Esto me llevó a considerar que el implante, de al menos un testículo, podría ser un tratamiento adecuado contra el envejecimiento en general.
El problema inicial al regresar a Francia fue disponer de un donante humano. Pese a la búsqueda todo intento por conseguir uno fue inútil y me vi obligado a experimentar con el animal que más se nos parece, esto es: el mono.
No sería hasta 1920 y luego de 162 intervenciones con estos animales, que realizaría mi primer transplante de testículo animal a un hombre. El sujeto había perdido ambas glándulas a causa de una ridícula operación de la época que pretendía curarlo de la tuberculosis.
Admito que este primer injerto al igual que el siguiente no funcionó, produciéndose necrosis en ambos casos. El éxito vino con la tercera intervención, aceptando el paciente numerosos fragmentos de testículo de mono. La noticia se propagó por toda Europa, no sin una buena cuota de espectacularidad que yo mismo en parte propicié.
Más tarde; ingenio, trabajo y un gran golpe de suerte se conjugan para elevarme a la categoría de celebridad. Para fortuna mía el gran dramaturgo Anatole France termina convertido en uno de mis pacientes. Cuando se presenta tiene 61 años y un aspecto lamentable: mejillas caídas, profusas arrugas, ojos mortecinos y sin brillo, fatiga y rechazo a todo esfuerzo físico. Carece además de apetito y se queja de frío incluso aquellos días cuando el calor es insoportable.
Al intervenirlo le he injertado - como corresponde a una figura de tal notoriedad- los testículos de un enorme mono cinocéfalo, los que he dividido en 8 partes alrededor de sus propios testículos. A los 23 días el escritor me relata su primera erección tras 10 años de impotencia. Las que se repetirían luego con increíble frecuencia sumiéndolo en un júbilo que solo recordar me emociona:
“Se produjo en él un cambio completo y sorprendente. Su cuerpo se enderezó, los músculos del rostro recobraron su fuerza, el ojo se hizo vivaz y muestra un asombroso aire de juventud, de vigor y de energía”
Justo hoy he presentado el caso de un paciente inglés ante un público atónito. Por medio de la comparación de fotografías tomadas al sujeto antes de la intervención, las diferencias se presentan como indiscutibles. Su aspecto para tener 75 años es excelente: el pecho alto, el pelo tupido y negro, las arrugas menos pronunciadas. Todo esto contrasta de modo casi trágico con las imágenes en las cuales aparece retratado meses antes: escaso pelo, expresión de cansancio, encorvado, en suma: senil.
Ante el asombro generalizado que luego se transformó en un sin fin de preguntas concluí la conferencia diciendo que el tratamiento se potencia con la ingesta diaria de cierto cocktail del cual dejo a su disposición la receta por si llegara a interesarles: