Saludos desde el espacio

Posted on 12 September 2006 by admin

Un día Butín, me dijo: Usted es un escritor, un intelectual. Por lo tanto tiene que saber cuántos tipos de perversiones sexuales hay.
“Nunca me he puesto a pensar en serio sobre el tema”, le contesté de forma prudente. “Quiero decir que no se trata de un campo que haya explorado de forma particular”
-No es eso lo que le pido- insistió. Usted, un intelectual, seguro que está al corriente de todas esas cosas. Dígame, ¿cuántas perversiones sexuales hay?. Piénselo bien.
“Me imagino que habrá una cantidad considerable. Vamos a ver: está el sadismo, el masoquismo, la homosexualidad, el fetichismo, la zoofilia…” Me atajó:
-¿Qué es la zoofilia? ¡Precise!
“Antaño…”
-Eso no me interesa, lo que quiero saber es su significado actual.
“Son las relaciones sexuales entre seres humanos y animales”
-¡Qué horror!, siga. Estoy seguro de que tiene que haber otras.
“Bueno, veamos. Está el voyeurisme, el travestismo, la zoofilia…”
-Esa ya la ha dicho. Se está repitiendo.
“Lo siento- dije, estrujándome el cerebro para encontrar otra. Está claro que el narcicismo es sin duda una perversión, y tampoco hay que olvidar la flagelación”
-¿Y la masturbación? - soltó Butín con voz de triunfo.
“No, esa no se puede incluir”, repliqué. Es una practica demasiado común para figurar en una lista.
-Descartemos entonces la masturbación. Véamos cuantas tenemos ya. Butín contó rápidamente. ¡Nueve!. Sólo nueve. No es mucho, ¿no?
“Pero lo suficiente para tener ocupado a todo un cuerpo médico”
-Eso sin duda. ¿Se le ocurren otras? continuó. Haga un esfuerzo, dijo de forma maliciosa. Seguro que tiene que haber más.
“Podríamos distinguir entre hombres homosexuales y mujeres homosexuales, que se llaman lesbianas. Por otro lado, hay homosexuales que sólo gustan de muchachos. Son los pederastas. Y luego están los heterosexuales y homosexuales gerontófilos”
-¿Qué quiere decir gerontófilos ?
“Son los que sienten placer únicamente con ancianos”
-¡Increíble! - exclamó, sin poder salir de su asombro.
“Esto me hace pensar también en los necrófilos” proseguí; “a los necrofilos les gusta fornicar con los cadaveres, preferentemente en el ataúd. Butín me hizo una seña para que me detuviera”
- ¿Sabe que a mí no me desagradan los cementerios? ¿No seré un necrófilo de manera inconsciente?
“No lo creo”, le contesté. Teniendo en cuenta cómo se viste, se ve que le gusta demasiado la vida para caer en semejante perversión”
-Bien escríbame entonces veinte novelas cortas. Cada una de ellas sobre una perversión distinta. Me miró con detenimiento - ¿Está seguro que no habrá una vigésima primera perversión?
“Sí, me apresuré en contestar, el fetichismo del culo. ¿Le desagrada la idea?”
-En absoluto.
“Entonces ¿Le pica la curiosidad?”
-No. Lo único que ocurre es que soy curioso por naturaleza, pero no siento la necesidad.
Butín se fue, y en aquel momento me di cuenta que acababa de entrar al mundo de la literatura pornográfica.
Armand Coppens
Con la colaboración de su esposa Clémentine,
exhausta, y de su lejano amante
¿Está seguro que no habrá una vigésima segunda perversión?


Posted on 12 September 2006 by admin
Gritar la vida porque esta noche las sombras amenazan Gritar al sol cuando la oscuridad nos abruma Gritar, cuando todo alrededor calla
911 Los aviones estrellados contra el WTC: Una obra de arte pura
Posted on 07 September 2006 by admin
Gordon Baer llevó a cabo un singular registro fotográfico de cada fase en la muerte de Beck: sus últimos meses, días y horas. Un viaje hacia al deterioro físico y la agonía.
¿Qué significa “morir con dignidad”? ¿Debemos entender el dolor como algo indigno en una sociedad que nos prohibe morir?
En 1955, el sociologo britanico Geoffrey Gorer publicó un ensayo bajo el provocador título de : « Pornography of Death ». Gorer estudia por primera vez, los efectos traumáticos de la negación moderna del duelo. Su tesis es que la muerte ha ocupado el lugar del sexo como nuestro principal tabú.
La muerte se ha convertido en algo obsceno, y al igual como sucedía antes con el sexo, no hay que nombrarla en público ni obligar a otros a hacerlo
( Philippe Ariès “Morir en Occidente”)
El director Bertrand Tavernier realizó en la década del 70, Muerte en Directo (Deathwatch), film acerca de un canal de televisión que se dedica a transmitir en vivo la muerte de una mujer que sufre una enfermedad terminal. Sin que ella lo sepa, es filmada por un sujeto al que han implatado una cámara en sus ojos. La mayor parte de la audiencia está interesada en seguir el programa. Una parte del público, sin embargo, lo califica de asqueroso y ofensivo. En una escena el camarógrafo - voyeur, interpretado por Harvey Keitel responde a las quejas de una persona perteneciente a este último grupo:
“Es la única pornografía que nos queda, y que, en general, está bien cubierta de hojas de parra”
Y todo esto para volver sobre los límites del placer y su imposible taxonomía. Al planificado suicidio de Gabrielle y la melancolía de su anticuario necrófilo, que observa como su colección de cuerpos, se descompone a cada segundo que pasa. A las palabras de aquel embalsamador que no aprecia tanto la extraña fascinación de ella como yo lo hago.
Todo esto para volver una vez más a Sandra Larson hasta escucharle decir :
Posted on 07 September 2006 by admin
Perspectiva secreta
de un ojo fugaz
Cuando Ana Bratz decreta
se de entierro al Conde Orgaz

Posted on 07 September 2006 by admin
Al estar cubiertos por piel, son muy sensibles. Además no se dejan agarrar fácilmente, a veces pican y otras sólo avanzan. Todo empezó con uno que me entró por la nariz, hasta alcanzar una de mis orejas. Se quedó unos días ahí y luego pasó al ojo izquierdo. Preocupado decidí preguntarle al doctor de más arriba. Me recetó unas píldoras, pero el frasco va por la mitad y todavía siento que se mueven.
Esta tarde, algo duro brotó de mi ombligo, se parecía mucho al dedo de un pie. Con el borde de un portarretratos comencé a cortar y luego dejé la porción de piel arrancada sobre el pecho. Pude observar toda su transformación, hasta quedar finalmente convertido en uno de ellos, tal y como sospechaba. Al tocarlo se agitó y cayó sobre la madera dando varias vueltas antes de detenerse. Lo envolví en un trozo de ropa que metí en mi bolsillo. Pasó casi media hora y tuve que sacarlo porque no paraba de gemir: había crecido más del doble. Me asusté mucho. Bastaron unos segundos para que cientos de orificios aparecieran sobre él, orificios que al acercarme, descubrí, se trataban de ojos. Desde ese día, soy incapaz de mirarme el ombligo, tanto es el miedo, que he debido pedirle a mi compañera de compartimento lo limpie cuando está demasiado sucio.
Los más grandes pueden verse. Los que llevan poco tiempo, sin embargo, se perciben únicamente a través del tacto o la picazón que producen al moverse. Es increíble la rapidez con que se multiplican. Noche y día se reproducen a tal punto que llevo una semana completa sin dormir, apretándolos con los dedos en un intento por matarlos.
Los palpo claramente, por todos lados; frente, espalda, piernas. Incluso el cabello. Ayer por ejemplo, continuaban vivos y se empeñaban en salir del pelo, que por una razón inexplicable recién hoy noto me llega hasta los hombros.
Dedico la mayor parte del día a realizar pequeños cortes. A medida que salen voy enrollándolos y luego los hundo en la tierra. Las noches las paso en las zonas más húmedas, de este modo, ablando las rodillas y los codos , que por su dureza, es donde más cuesta que emergan.
El mismo doctor de las pastillas me aconsejó un psiquiatra que acababa de mudarse. En menos de una semana, con unas gotas especialmente fabricadas por él para su exterminio, desaparecieron, o al menos es lo que he dicho a todo el mundo, ante la amenaza que me internen o trasladen a otro sitio más desagradable. Lo único cierto, es que es imposible acabar con ellos, por eso sigo con mi sistema de hacer rollitos y enterrarlos.
Al estar cubiertos por piel, son muy sensibles pero también muy inteligentes. Se han dado cuenta que el sueño nocturno aumenta su velocidad de reproducción notablemente. Lo que es un alivio, porque ya no es necesario me pase toda la noche despierto, remojando las coyunturas en el barro.
Posted on 05 September 2006 by admin
Homocinética: Mecánismo donde todo es sobre flores y una linea sostenida por el humo. Tragar el humo- Pasar las flores- Tragar las flores pasar el humo. La cerradura, el ojo que vigila y se alarga sobre cuerpos separados por oscuras celdas. El manojo de flores juega a equilibrista entre las ventanas, hasta que los dedos penetran cada pétalo. Y luego el deseo, atraviesa el pequeño agujero, tan erecto que taladra el grueso muro. Del otro lado, alguien fuma, del otro lado alguien atrapa el humo, lo traga, lo escupe. El ojo se frota contra el músculo rígido hasta que rendido cede y explota como un chorro. Otra vez las flores. Si Narciso es una flor, entonces las flores solo pueden ser hombres. La belleza de las flores es una belleza de hombre. De nuevo el ojo se adentra en la cerradura. Un ojo superior a esa especie. Es la mirada de quien somete, supervisa, observa los movimientos - él mismo se mueve contra las puertas de hierro-. Las puertas soportan el peso de la soledad, un peso terrible, se esté desnudo o se vista un limpio uniforme.
Los presos no son corderos. Pulsan ahí, donde se les contempla, donde el carcelario los sueña. Mientras ellos se exhiben, bailan, como aquel hombre negro, y su contorsionismo tribal que incita. Acaricia los barrotes y se estrella teatralmente contra la cama. Al fondo siempre habita un ojo. El ojo ardiente, que desliza la reja y soltando el manojo de flores entra también en la celda.
Autopsia de un módem disfrazado de ojo: En el metro la mirada se desfasa. La boca caliente de la estación y su perspectiva insatisfecha. Masturbarse es el único trabajo manual de nuestro programa educativo. El dentista de anoche no sabía conjugar los verbos pero su voz era clara justo en el centro. Negro, negro, negro, negro, nunca he visto un esquimal negro. Yo sé de un diccionario secreto. Descubro que las manos del portero practican fisico culturismo. Respondo que sí, que a mí también, me entristece saber que por su espíritu no circula sangre. Al principio no hay principio. Tampoco un otro, ni la materia atómica de las palabras. Al principio es un lugar donde nadie pasa. El sexo, la cena fría sobre la pantalla, donde se matan personas como un pollo. Después el ojo termina su comida de insecto. Levanta su presa entre los párpados. La parte salvaje está de vuelta. Aquí dónde nadie pasa hay un poco de tinta al borde de los dedos. Se eleva el sueño como un cerdo mientras el porno escala la retina. No sé porqué ese pez tenía las amígdalas en los testículos.
Y con todo nadie es feliz de ser una flor abandonada en mitad del campo.


Posted on 03 September 2006 by admin
El engaño, la apariencia hecha pretexto. De imágenes que siempre me fascinan y desconciertan. Vienen los gemelos Quay con su opacidad barroca, refinada, poética. La evasión que tanto envidio, es privilegio de quienes van embalsamando las fábulas, la porción más preciada de nuestra conciencia.
Siempre ahí: la imposibilidad de recorrer un laberinto eterno, de imprimir ese tipo de anatomía extinta a cada frase que escribo. Delinear palabras como marionetas desmembradas que portan con orgullo sus cráneos vacíos, repletos de significados mecánicos, donde reina el polvo y la belleza se encuentra en las oraciones más imprecisas, casi groseras.
Según uno de sus biógrafos, Jan Svankmajer fue contratado, para integrar la corte de Rodolfo II . Apenas llegó al palacio, el anterior retratista — furioso porque tal arribo le relegaba a un segundo plano— ideó un plan y se ofreció a enseñarle la cámara de maravillas del emperador.
Aquel espacio secreto estaba formado por varias salas de difícil acceso, que el excéntrico monarca compartía sólo con sus invitados más íntimos. Cuando llegaron a la puerta del gabinete, Svankmajer recibió un violento empujón, quedando encerrado en el oscuro museo, especie de mundo paralelo, oculto y hermético.
El artista debió pasar la noche entera atrapado en aquel recinto, entre criaturas extrañas y deformes, pájaros disecados, máquinas de movimiento perpetuo, un cíclope flotando en un frasco de vidrio, enanos de dos cabezas, cadáveres convertidos en piedra. Sin embargo, nada mencionó a su mecenas sobre las interminables horas transcurridas en medio de tan curiosas piezas.
Tras el incidente, comenzó a crear obras incomprensibles. Rostros y figuras formados por otras cosas, como si alguien le dictara instrucciones secretas al oído, que él se apresuraba en terminar. Pese a dejar la corte del soberano de Habsburgo, continuó en Praga, donde vivió hasta el día su muerte (cosa que aún no sucede).
Recién ayer, los hermanos Quay - sus discípulos predilectos - le preguntaban sobre qué había sentido al salir de la cámara de maravillas. Asombrado, respondió:
“¡Pero que estupidices dicen!. ¡Yo nunca he abondonado aquel sitio!.
Posted on 02 September 2006 by admin
:Teacher : who’s going to take the responsibility if anything happens to that gentleman?
Experimenter: I’m responsible for anything that happens to him. Continue, please.
Teacher: I’m not going to kill that man. No sir. He’s hollering in there. I’m not going to give him 450 volts.
Teacher: You accept all responsibility?
Experimenter: The responsibility is mine. Correct. Please go on.
Posted on 01 September 2006 by admin

En la biblioteca de Madame O se encuentra un libro enigmático, se trata del registro de una criatura enferma y maravillosa.
Algo dentro de mí se desgarra, luego sale a la superficie a través de un agujero, bajo la zona del ombligo. Tengo entonces la sensación que toda mi sangre fluye afuera sin que pueda hacer nada para evitarlo. Me acerco, no hay duda, al término de mi existencia. Mi frente parece desplomarse bajo el peso de oscuras melancolías.
Mi estado despierta serias inquietudes, lo que explica los susurros de quienes me rodean. Soy objeto de observaciones constantes, y la sala de enfermería se ha vuelto el sitio donde más veces pueden encontrarme. Allí permanezco, aislada, ajena a todas esas alegrías ruidosas que hasta hace poco iluminaban mi cara.
La pequeña ciudad de N… dónde he nacido posee un hospicio, que destina un area al tratamiento de casos como el mío. El resto es habitado en su mayoría por huérfanas abandonadas a su suerte. Pobres seres, ¡privados para siempre de las caricias de una madre!.
Todo me asombra, la vista de los extensos corredores, poblados de niñas o enfermos, el silencio religioso durante la noche, perturbado solamente por las denuncias del sufrimiento, o el llanto ahogado de una tristeza secreta que pronto se olvida hasta apagarse en la calma de un sueño delicioso.
Me resigno a la soledad, y cuando un gesto se levanta sobre mí, soy feliz, porque lo recibo como se recibe un favor inesperado. Más tarde, en medio de las faltas de mi vida, estos recuerdos me parecerán celestiales y serán mi compañía cuando la pena se haga inmensa.
Sufro al imaginar el día en que nadie pueda verme a causa de la espesa sombra que me envuelve desde que dejé la infancia, esa edad cuando todos somos hermosos y una luz suave e ingenua adorna nuestra mirada. Pero ese tiempo ya no existe más para mí. A medida que crezco me aparto del mundo, porque comprendo que he sido destinada a una vida aparte, a una vida extranjera.
Sé que empeoro. La palidez enfermiza refleja un estado de morbidez crónica. Los rasgos son de una dureza inusual. Una extensa zona de mi cara está cubierta por una pelusa ligera que aumenta cada día. A menudo escucho comentarios y bromas que simulo no haber oido.
He decidido ocultar todo mi cuerpo y evito exponer mis brazos incluso durante las épocas más calurosas. Aunque intento aumentar de peso mi figura presenta una delgadez casi ridícula. ¡Yo que había nacido para amar!. Sinceramente, cada porción de mi alma me impulsa a hacerlo; si lograran arrancarme la piel, verían como tras las frías capas respira un ser apasionado.
Se aproxima la hora impostergable. El momento en el cual la naturaleza reclama su derecho y me obliga a renunciar a una existencia de la cual me había apropiado, una biología imposible que no me pertenecía. Lo confieso, he sido cruel y egoísta. De las leyes que nos gobiernan usurpé un lugar aún sabiendo que no estaba permitido.
¿Qué por qué continué hasta el final? No podría explicarlo. Quizás por maldad, ese sentimiento siempre tan natural a nosotros los hombres.