Homocinética: Mecánismo donde todo es sobre flores y una linea sostenida por el humo. Tragar el humo- Pasar las flores- Tragar las flores pasar el humo. La cerradura, el ojo que vigila y se alarga sobre cuerpos separados por oscuras celdas. El manojo de flores juega a equilibrista entre las ventanas, hasta que los dedos penetran cada pétalo. Y luego el deseo, atraviesa el pequeño agujero, tan erecto que taladra el grueso muro. Del otro lado, alguien fuma, del otro lado alguien atrapa el humo, lo traga, lo escupe. El ojo se frota contra el músculo rígido hasta que rendido cede y explota como un chorro. Otra vez las flores. Si Narciso es una flor, entonces las flores solo pueden ser hombres. La belleza de las flores es una belleza de hombre. De nuevo el ojo se adentra en la cerradura. Un ojo superior a esa especie. Es la mirada de quien somete, supervisa, observa los movimientos - él mismo se mueve contra las puertas de hierro-. Las puertas soportan el peso de la soledad, un peso terrible, se esté desnudo o se vista un limpio uniforme.
Los presos no son corderos. Pulsan ahí, donde se les contempla, donde el carcelario los sueña. Mientras ellos se exhiben, bailan, como aquel hombre negro, y su contorsionismo tribal que incita. Acaricia los barrotes y se estrella teatralmente contra la cama. Al fondo siempre habita un ojo. El ojo ardiente, que desliza la reja y soltando el manojo de flores entra también en la celda.
Autopsia de un módem disfrazado de ojo: En el metro la mirada se desfasa. La boca caliente de la estación y su perspectiva insatisfecha. Masturbarse es el único trabajo manual de nuestro programa educativo. El dentista de anoche no sabía conjugar los verbos pero su voz era clara justo en el centro. Negro, negro, negro, negro, nunca he visto un esquimal negro. Yo sé de un diccionario secreto. Descubro que las manos del portero practican fisico culturismo. Respondo que sí, que a mí también, me entristece saber que por su espíritu no circula sangre. Al principio no hay principio. Tampoco un otro, ni la materia atómica de las palabras. Al principio es un lugar donde nadie pasa. El sexo, la cena fría sobre la pantalla, donde se matan personas como un pollo. Después el ojo termina su comida de insecto. Levanta su presa entre los párpados. La parte salvaje está de vuelta. Aquí dónde nadie pasa hay un poco de tinta al borde de los dedos. Se eleva el sueño como un cerdo mientras el porno escala la retina. No sé porqué ese pez tenía las amígdalas en los testículos.
Y con todo nadie es feliz de ser una flor abandonada en mitad del campo.























