El Hombre que no sabía

Posted on 07 September 2006 by admin

Al estar cubiertos por piel, son muy sensibles. Además no se dejan agarrar fácilmente, a veces pican y otras sólo avanzan. Todo empezó con uno que me entró por la nariz, hasta alcanzar una de mis orejas. Se quedó unos días ahí y luego pasó al ojo izquierdo. Preocupado decidí preguntarle al doctor de más arriba. Me recetó unas píldoras, pero el frasco va por la mitad y todavía siento que se mueven.

Esta tarde, algo duro brotó de mi ombligo, se parecía mucho al dedo de un pie. Con el borde de un portarretratos comencé a cortar y luego dejé la porción de piel arrancada sobre el pecho. Pude observar toda su transformación, hasta quedar finalmente convertido en uno de ellos, tal y como sospechaba. Al tocarlo se agitó y cayó sobre la madera dando varias vueltas antes de detenerse. Lo envolví en un trozo de ropa que metí en mi bolsillo. Pasó casi media hora y tuve que sacarlo porque no paraba de gemir: había crecido más del doble. Me asusté mucho. Bastaron unos segundos para que cientos de orificios aparecieran sobre él, orificios que al acercarme, descubrí, se trataban de ojos. Desde ese día, soy incapaz de mirarme el ombligo, tanto es el miedo, que he debido pedirle a mi compañera de compartimento lo limpie cuando está demasiado sucio.

Los más grandes pueden verse. Los que llevan poco tiempo, sin embargo, se perciben únicamente a través del tacto o la picazón que producen al moverse. Es increíble la rapidez con que se multiplican. Noche y día se reproducen a tal punto que llevo una semana completa sin dormir, apretándolos con los dedos en un intento por matarlos.

Los palpo claramente, por todos lados; frente, espalda, piernas. Incluso el cabello. Ayer por ejemplo, continuaban vivos y se empeñaban en salir del pelo, que por una razón inexplicable recién hoy noto me llega hasta los hombros.

Dedico la mayor parte del día a realizar pequeños cortes. A medida que salen voy enrollándolos y luego los hundo en la tierra. Las noches las paso en las zonas más húmedas, de este modo, ablando las rodillas y los codos , que por su dureza, es donde más cuesta que emergan.

El mismo doctor de las pastillas me aconsejó un psiquiatra que acababa de mudarse. En menos de una semana, con unas gotas especialmente fabricadas por él para su exterminio, desaparecieron, o al menos es lo que he dicho a todo el mundo, ante la amenaza que me internen o trasladen a otro sitio más desagradable. Lo único cierto, es que es imposible acabar con ellos, por eso sigo con mi sistema de hacer rollitos y enterrarlos.

Al estar cubiertos por piel, son muy sensibles pero también muy inteligentes. Se han dado cuenta que el sueño nocturno aumenta su velocidad de reproducción notablemente. Lo que es un alivio, porque ya no es necesario me pase toda la noche despierto, remojando las coyunturas en el barro.


2 Comments For This Post

  1. Gonzalo Says:

    Vaya, ahora entiendo porque no hay que quitarse la costra

  2. Nichote Says:

    Muy bueno.

    Me recuerda al HOSPEDADOR DE ALAS RETORCIDAS.
    Léanlo, está en el apartado PORNOGRAFÍA DE LA MUERTE, de este laberinto de inhibiciones/exhibiciones, o busque aquí:
    http://confidencial.blogsome.com/2006/01/20/el-hospedador/#comments

    Sobre lo de las MANZANAS, me animo un poco, abdominales, flexiones, escaleras, no dormir, qué vida más dura hay que llevar. Ana Bratz se ríe (le gustó tu Ana/morfosis, currada de lo lindo), me dice que a ver si así me pongo las pilas.

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