
No sé que escribir. La inspiración existe, es un hecho, pero en mi caso no resulta porque tiendo siempre a respirar por la boca.
El problema es que tengo la imaginación deficiente, por eso en los cuentos que imagino todos mueren o ya están muertos, pero no lo saben. Además, con la moda de llevar sombrero en los sitios menos apropiados, resulta imposible robar alguna idea.
Por ejemplo, una historia original. Una historia donde el personaje sobreviva trágicamente, como la de aquel hombre, que intentó suicidarse colgándose de un árbol pero al notar que pasaban los minutos y continuaba con los ojos fijos en el pasto, se dio cuenta que había confundido el cuello con uno de sus tobillos.
Los minutos suman y mi rutina de ejercicios gedanken no funciona. Hoy introduzco otra variable en el proceso: la tortura textual, imaginar que leo los cuentos que imagino.
- ¿Es usted el hombre que no puede olvidar?. ¿El hombre que lo recuerda todo?– pregunta una mosca mientras se detiene en mi frente. Se acomoda un poco y deja caer la cabeza, que termina separándose del cuerpo. Debe ser un estado horrible almacenar…
- Sí - la interrumpo al ver que le cuesta tanto hablar. Trata de incorporarse otra vez, pero sus ojos van cerrándose poco a poco.
-Debe ser un estado horrible - continúa. Incluso para alguien como yo, que guarda tan pocos secretos que desearía no volver a recordar. ¿Agua?
-La cocina, atrás, a la derecha- le indico. Me hace un guiño, luego entra y cierra la puerta.
El problema es que de lejos su sombra se parecía más a la de un cuervo que a la de una mosca.
¿Me escuchan bien? Yo les escucho desde muy lejos.
Uno debería terminar las cosas con más precisión.














