Afuera hay una cruz en vez de una luna, pero como Lady Oscar y Oscar son un par de niños idiotas, podría haber un zapallo o un rinoceronte sonriéndoles y poco importaría.
Es curioso, pero los humanos son los únicos seres que señalan. Cuando intento señalarle algo a un perro o a un gato, que son, salvo escasas excepciones, tan idiotas como este par de niños, se quedan muy quietos mirando la punta deshilachada de mi dedo, en vez de seguir la linea imaginaria que maravillosamente les trazo hacia el horizonte.
Como ven, justo ahora señalamos la cruz que sin explicación se comió a la luna, y es como si nos atrajera hacia ella. La abuela de P. (que es nuestra profesora de haikus en la escuela para muñecas filósofas) dice que es así, porque en realidad, los límites no existen: la cruz, la luna y las estrellas están dentro de uno. Y espejismo, oasis y alucinación, son palabras orientales que describen el anhelo interior por ser exterior.
Sobre una mariposa/ la noche se aclara/ el vuelo.
Los haikus, nos enseña la abuela de P. despejan el espacio entre las cosas para que uno puede ver el chi, que es algo así como el aliento del cielo. Aunque también sirven para: mostrar la silueta de un espíritu caminado una tarde de invierno, el canto solitario de una piedra, los higos perdiéndose entre los dientes, el bosque de las almas suicidas. Y en su último verso, descubrir que el espacio entre todas estas cosas no es más que un sueño.
El plomazo de Aristóteles inventó el silogismo, que es el método de decír que Sí a todo el mundo, aún cuando se quiera -casi siempre - decir No. El silogismo establece que si
O es O, entonces O no es no-O, y todas las cosas son O y no-O
Esto es el justo medio, el equilibrio armónico ente los opuestos. Los haikus -continúa la abuela de P. son un poco como los silogismos. Tienen tres lineas de extensión para describir el “por lo tanto”, de las cosas, saltando del “si” al “entonces”, y del “como” al “por lo tanto”. A la igualdad más allá de la diferencia. (se entiende mejor trepada sobre un azotea en Harlem, bailando tango y charlando de cosas faloscinantes con un actor porno toda la noche).
Esta mañana la clase finalizó con la historia de un pintor chino que abrió una pequeña puerta en el mural que acababa de terminar, entró por ella y desde ese momento no se le ha vuelto a ver. No dejo de pensar en ello. Una puerta no es más que una puerta. Una verdad con ganas de permanecer secreta. Si me quedo de pie frente a una puerta cerrada al cabo de pocos minutos un sonido comienza a desenrollarse en mi cerebro hueco. Primero es un compás lento pero pronto acelera, aumenta de volumen. Todo está quieto. Está la quietud de la puerta. La quietud de la pared y la cerradura. Me pregunto cual es la causa que la quietud nos aterre tanto.
La abuela de P, dice antes de cruzar la puerta del salón de clases:
“La hormona del miedo y la curiosidad es la misma.
Si la miran bajo el microscopio sus moléculas idénticas se confunden hasta tomar la forma de un dragón chino”
Trepo a New York/
la azotea descalza/
vuelo y vuelvo












November 15th, 2006 at 11:43 pm
Muy bueno, el hiyu pintado de azul se sale.
Saludos para la muñeca Emilia.
November 16th, 2006 at 5:16 pm
ya no tengo el tiempo
de saber qué está pasando
pues ya se me acabó
November 17th, 2006 at 4:05 am
emilia aparece en cualquier momento y lugar parece. tendrá la capacidad de abducir ?
November 17th, 2006 at 2:18 pm
Qué lindo lo del haikú como silogismo.
y qué bello post todo él
me encantó
un abrazo
November 17th, 2006 at 8:55 pm
cuando alguien que maneja a los hikus, hanla con actores porno toda la noche, sabemos que todo va de viento en popa, señalando…
November 18th, 2006 at 1:03 am
la cruz siempre marca una meta
la luna los sueños de los adultos
y las abuelas los de los nietos
November 18th, 2006 at 1:39 am
Río del Maipo:
Blancos frutos, abriendo.
Dos a la orilla, dos que se desnudan.
Flor de la A m a p o l a .
November 20th, 2006 at 9:12 am
Hace tiempo que dejé de insistirte, por miedo me quede quieta.
Pero…
Dios es quietud, no tienes porque aterrarte. (Me hubiese gustado abreviarlo en un silogismo, pero nunca aprendí a usarlos).