Su edad mental es de 13 años
(su cuerpo también)
Posted on 11 December 2006 by admin
Su edad mental es de 13 años
(su cuerpo también)
Posted on 11 December 2006 by admin
No todo lo que escribo es oro
Ni todo lo que añoro es la muerte
No es amar un verbo en definitivo
No se conjuga esta noche en para+siempre
Ay lo sé
pero es que lo olvido
Posted on 10 December 2006 by admin

Por ser un “poetita cohete”, por eso te secuestran, por eso esta noche van a arrancarte un trozo de lengua.
¿Cómo es que sueño, tu cuerpo quemado, sin pies, tan oscuro?.
Y tú sonríes con esa alegría que deforma, que al hincharse se empaña.
Y yo nado hacia ti, como se nada en un espejo sin fondo.
Posted on 02 December 2006 by admin

Para ir a cenar lo mejor
es Montparnasse
1849, calle Froidevaux:
la carne es suave,
y el precio un ofertón.
El sargento François Bertrand tenía una pasión extraña: prefería a las mujeres muertas que a las vivas. Durante la noche, se encaminaba hacia los cementerios. Levantaba pesadas losas, abría ataúdes de jóvenes recién enterradas para luego hundirse en secretos placeres. Será justo ahí, donde más tarde, caerá en una trampa que le tiende la policía, herido de un disparo mientras- como era su costumbre- trepaba el muro de la rue Froidevaux. Aquella vez, sin embargo, logró escapar. En su próxima incursión, su suerte, ya no será la misma.En junio de 1849, se presenta ante el consejo de guerra y es condenado a un año de prisión. Poco tiempo después de salir en libertad, se suicida. En un pequeño cuaderno que se encontró mientras se investigaban los sucesos que rodearon su muerte, aparece el registro detallado sobre el tipo de relación que mantenía con cada una de sus amantes. De se lectura, uno podría pensar:I. Que no se trataba de un amante en nada delicado y atento.II. Que al contario. Sí, se trataba de un amante delicado y atento- en profundidad y grado máximo- esto explicaría la razón que lo llevaba, por ejemplo, a desmembrar el cuerpo de una joven muchacha para luego dispersar sus pedazos por todo el cementerio.El necrófilo fue un personaje de moda durante el siglo XIX. En numerosas casas de citas, se podía encontrar una habitación que tenía características muy particulares. Todas las paredes estaban pintadas de negro, y sobre la cama, entre extrañas figuras, incienso y cirios, aparecía la silueta de una joven, vestida completamente de blanco. A quien habían empolvado y así hacerla parecer todavía más pálida. Sus ojos muy cerrados, sin respiración aparente. Pero esa alma no reposaba, más bien se diría que esperaba. Siendo no pocos, quienes previo pago, concertaban con exagerado entusiasmo la inmóvil cita.