Posted on 27 September 2007 by admin
Para mi araña
Ana
que deliciosa
mi cerebro,
mi cerebro que
deliciosa trepana
Cuando el doctor-príncipe habla nunca escucho lo que dice porque el espejo que trae en su mano ya lo ha dicho todo.
Sale de ahí ardiente el destino.
Se levanta una risa, se acaricia y despega, despliega sus dientes en el fondo del cielo.
Miro desde el borde.
Alguien salta, es el enviado misterioso que ejecuta el arco en círculo.
El cerebro aerostatico cae por un instante.
Un sonido de nervios se apaga sobre la cama de la noche lisa y blanca.
El lenguaje no está derecho, está torcido.
La enfermera suspira.
Pasea su resplandor de virgen estrecha y oculta,
mientras prepara el nudo de todos mis horrores
Soy, únicamente cuando estoy en el arco.
Fuera de él, imito el ruido de todo lo que me rodea.
La conciencia abondona su fiel murmullo.
No es sueño lo que traspasa el globo.
En el centro del paisaje, los animales y las máquinas, y al fondo:
la primavera, donde el parpado florece alto, hasta incrustarse en la frente.
Esos fantasmas van desnudos,
cruzan la razón en indecisos temblores,
su coro de notas blancas nunca apagaran la noche.
¿Quizá mi insomnio sea la única forma de amar al visitante a quien debo cada una de mis vidas?
Yo pensé que mi cerebro no existía,
pero si no sueño, si dormir es imposible, es porque todavía existe.
Sin embargo, cuando me tocas siento algo vago, no alcanza a rozar mi cerebro.
No te reconozco ni en el olor, ni en el gusto
Un gusto gordo de homicidarse. Me vuelvo inmenso, enorme, sin medida.
Después me retraigo de golpe hasta casi nada, como si estuviera en otro mundo.
El horror se enamora,
imita con exactitud a sus favoritos, el gusto por mis gestos, mi voz, mi nombre.
Yo le llamo sólo para saber cuan oscuro es el color que viste
El aire se decolora, la mañana asoma tímidamente en mi rostro, y en el de los que me habitan. Se apaga la luz de cada estrella.
Los ojos reflejan cierta luz aún oculta.
La enfermera sonríe bajo su falda, derrama las ondas de otros aromas,
se desordena un poco la naturaleza.
El mecanismo es un misterio.
Esto soy yo. Este es mi cerebro.
Si miran aquí podrán ver donde el insomnio se instaló sin aviso, que regiones no tienen salida y cuales se alargan porque son más brillantes.
Descanso,
vuelvo a la sabana perpetuamente larga.
Posted on 27 September 2007 by admin
Tomo una frase y comienzo:
¡Soy feliz porque soy mi exhibición perpetua! Pero esto no es la felicidad. Tal vez lo sea, mientras alguien observa, luego todo cae, se apaga. Como ahora, en que me traspasa una bella indiferencia.
yO/ sé.
yO/ soy… un Efedrino. Tengo la mente ácida y el estómago perverso.
-¿ Podríamos hablar sobre esto más adelante?
Sucede que mi reloj ya marca las noches y mi cabeza se cierra para negar los misterios del universo. No son voces: son miradas. Dos vienen de un hombre, dos de una mujer, una de dios y todas las otras, de unos ojos que miran hacia adentro. Algunas se fijan, luego me abandonan, hasta explotar en agudo negro.
Creo que es justo ahora cuando comienza el flujo de energía, mi arco en el cielo. Los sesos se amontonan en una esquina para dejar algo de espacio. Como verán, todo esto es de ciencia-adicción. Pero ocurre de ese modo.
Y aquí me tienen, perfectamente acomodado, en la profundidad de un estudio. De una teoría del horror y el placer, que nadie termina, porque nadie vuelve.

