
Celebro la exhibición pública de mis pasiones privadas. Mi alma de barnum, mi anatomía de pequeño grand guignol, no admitiré que niego nada, incluso la piscina pederasta donde aquel pez se baña, porque bajo toda el agua los muertos se tragan también los susurros.
Lejos de mis lamentos
a menudo el tiempo
es mucho tiempoSonda en mano
deshueso, no temo
Junto al lavabo,
de tus te amo
tomo cuidado
¡Y ustedes, pueblo de Salpetriere!. Idiotas, locos, histéricos, son argumento sin contraparte. Todo decae, se fatiga, no tiene más esperanza el género humano. Ahora bien, para crear la nueva raza, desaconsejo el uso de infantes: son malignos. Comen demasiado, apagan todas las velas.
A la obra pues jóvenes atletas que con los años el músculo se vuelve avaro y el cerebro costoso y raro.
Voy a cantar el cancionero completo de Robin Sharpe, aunque sea infantil, aunque de nadie sea esta noche, yo un niño – cantarlo en silencio- , y sobre la frente extravagante de Nannetti, escribir:
“Querido cielo, no me esperes”



















