
Al igual que mis sentidos y todos los miembros de mi cuerpo, las partes sexuales tienen sus disfrutes transformados, que han quedado muy particulares, espirituales y puros. Así, conectados a la mística, mis placeres, sus sensaciones carnales y el afecto, ahora divinizan.
Todas las partes del cuerpo parecen también santas.
Ridículo. El-postura y sin estigmas me descaverizo. Prueba incuestionable a todo ojo soy.
Hago bien en avanzarme. Un caso paradigmático, en fenómeno me apasiono. Denuncio el comercio de carne humana.
Como.
Alucino.
Ningún tratamiento hipnótico, ni todas las prácticas de influencia y sugerencia tendrán sobre mí (MI) efecto. Sobre esta supuesta contracción histérica.
Yo (YO) Luis, la interpretación contradigo. Una vida invento. De la gravedad y sus inconstantes pesos me libero. Pero allí también fallo. Equilibrio, tentación. Aburrimiento, sequía, tortura, consolación de éxtasis. Estas sensaciones cuyo origen no puedo reprimir (desenfrenado que cargo en ellas) suena un golpe después como pecado horrible del abismo melancólico nuestro santo de levitación maniaca. Yo de ti nuestra fe en hallalí
Me áureo de una luz calva (porque las ausencias son de límites fálicos, sí), fenómenos hipocondriacos, desgarradores me colman en adelante. Anal y respiración celeste: un pez. Despenetro entero los perpetuos caminos siempre duros, siempre impuestos. Uretra a tientas, exit-de señales más turbias.
Yo conozco los síntomas de mi pensamiento y en el cuerpo elevo una volatilidad extraña, de accesos sin contornos, a la inmoralidad infantil me traslado. Un sentido en reverso.
Es la monstruación QUE TOMA de psi, testigo del crucificado y al cielo asciende ¿Pero quién?




