Tal vez de pronto, yo mismo, abandonando todo. A veces el frío (o su recuerdo) contigo para siempre. Ese frío que le da a todos un poco y a mí nada. Y me olvidé que era una vida obligada, la ejecución precipitada de una especie. Mi voluntad ¿dónde? Yo, el trazador de destinos subterráneos. Encontrar algo a mí lado más allá de la prevención de la oscuridad, en los espacios donde ya nada se prepara para el futuro. ¿Has visto qué hermosa es esta casa abandonada? ¿Has notado la emoción de la luz temblando en el cuchillo? El cuchillo que lamemos sin saber muy bien qué estamos haciendo.
Todo lo que se promete. Todo el tiempo que queda. O la muerte en línea recta, a la que damos de comer con una mano suave y tierna porque no estamos seguros quién vive allí.










