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Eludir la intimidad es un verdadero trabajo, un enorme trabajo. Soy lento, y lo peor, poco obstinado. Necesito quince horas al día para no escribir nada; la línea recta, visualmente impecable. Ridículamente impecable. Siempre en busca de la frase exacta que haga contrapeso a la realidad y su infinita actualización. La mano temblorosa que no se atreve con la vida misma. Sería bueno ver por un momento que es lo que estoy tratando de entender. La severidad de estas horas que me juzgan.
Cada palabra nunca me parece una afirmación de la anterior.

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