Al llegar todavía está vestido de mujer y se queja de las penurias que ha debido pasar para acomodarse al recinto. El cambio de ropa ha sido además, obra difícil; fue necesario hacerle traer hasta las prendas más inferiores del traje masculino, pues camisa, medias, calzones, todo era de mujer. Tenía corsé y enaguas, cubrecorsé, ligas y todo lo que constituye la indumentaria del sexo que busca aparentar.
No piensa en otra cosa que revestirse del aparato exterior de una mujer; para ello ensaya en la toilette, se pinta, imita la voz aguda y los modales femeninos; en síntesis procura, por todos los medios a su alcance y valiéndose en lo posible de los consejos de otros invertidos sobresalir en este punto.
La ilusión que ofrece esta noche puede medirse por la actitud que tiene en las fotografías adjuntas, en donde figura representado en lo que él llama simples “trajes de calle”. Mientras cambia de vestuario señala con esa voz escalofriante que imposta:
“Cuando me siento observada por el objetivo, todo se modifica. Me construyo en el acto de posar. Me fabrico instantáneamente otro cuerpo, me transformo por adelantado a cada imagen. Es como si la fotografía creara una nueva piel o la mortificara según su capricho.”
Posee una indiscutible habilidad al travestirse . El arte que dispone para arreglarse se aprecia en toda su intensidad si comparamos la imagen que ofrece en dichos retratos con aquella que tiene en la que complementa el análisis de su caso y que le fue sacada en el servicio de identificación durante su estadía. Vestido como el hombre que verdaderamente es y no como la aberración que se empeña en representar.
Me bastó intercambiar unas frases con él para descubrir su sicología mórbida. Una combinación curiosa de vanidad, mentiras e ideas sexuales paranoides. Revelo a continuación un escrito que me ha entregado a modo de autobiografía, junto con otros retratos suyos (Es evidente que no intenta disimular mucho su deseo de figurar como caso clínico en el libro que preparo sobre la inversión sexual adquirida)
(Autobiografía)He nacido en Madrid en el año 1___ Siempre he sido mujer, y esa es la única explicación para que vista como tal. Me casé en Sevilla y tuve dos hijos. El varón tiene 16 años y sigue la carrera militar en París. La niña tiene 15 y se educa en el “Sacre Coeur”. Son hermosos y se parecen mucho a su padre. Mi esposo ha muerto y soy viuda. A veces yo también desearía morir, cuando su recuerdo me atrapa. Buscaría los fósforos o el carbón para aniquilarme, pero esos suicidios me parecen propios de gente baja. Como me gustan las flores, pienso que sería más apropiado y delicioso morir asfixiada por perfumes. En otras ocasiones me gustaría tomar el hábito de monja carmelita, porque soy devota de Santa Teresa de Jesús, lo mismo que todas las mujeres aristocráticas. Pero como soy incapaz de renunciar a los placeres del mundo, me quedo en casa haciendo bordados para los pobres.
Soy una mujer que gusta mucho del placer y por eso lo acepto bajo todas sus fases. Algunos dirán que por todo esto soy muy viciosa, para ellos he escrito el siguiente verso que voy repitiendo siempre :
De tarde en tarde en tarde
Los gustos locos me vengo a hacer.
Muchachos míos ténganlo tieso
Que con la mano gusto os daré.
Con sombrillas y cascabeles
y hasta con guantes yo os las haré
y si tu quieres, amor mío,
por darte gusto la embocaré.
Si con la boca yo te incomodo
y por la espalda me quieres dar,
no tengas miedo,
no tengo pliegues
ya por detrás.
Si con los dientes yo te incomodo
y por atrás me quieres amar,
no tengas miedo,
que pronto mucho vas a gozar.
¿ Qué cómo comenzó todo? Fue en Nueva York, donde aparezco por primera vez como una exótica condesa española , dato que ha todos encantó aunque estaba lejos de ser cierto. De mi breve paso por América se me conoció como la Esfinge Suicida por los siete suicidios que provoqué en apenas 3 meses. Los americanos, siempre tan predecibles como impresionables.
Cuando por fin alcancé Francia lo hice ungida por el éxito de una fama incontrolable. De inmediato me contrataron para bailar en sitios espléndidos causando la infinita envidia de una mujer que utilizaba mi mismo nombre y se hacía pasar por mí. Pero no era más que una bailarina mediocre, una cantante apenas correcta, en suma: una cortesana más del montón en ningún aspecto comparable.
Con el mundo a mis pies París resultó el hábitat perfecto. Comenzando con el propio Presidente de la República Aristide Briand, le seguiría el Príncipe de Gales, aunque confieso no un gran amante pero generoso. Y así: el Káiser Guillermo II, el Zar Nicolás II, Alberto I de Mónaco, Leopoldo de Bélgica, el Emperador del Japón y según algunos – no diré nada al respecto- el mismisimo Alfonso XIII quien al parecer era muy joven en ese entonces por lo cual habría sido yo su iniciadora sexual.
Todos ellos, y muchos otros que por su número no recuerdo, fueron enormemente bondadosos: Palacios, barcos, una isla entera -obsequio del emperador nipón. Y sobre todo joyas, muchas joyas. Miles de gemas dando forma a pectorales, tiaras. O bien, gruesos y solitarios diamantes como monstruos que además de brillar pesan horriblemente.
Sin embargo algunos hombres jóvenes solían ser descorteses. Pero ha debido ser por sus ganas de estar conmigo, y ¿por qué no lo conseguían? Porque era una labor casi imposible atender a todos mis adoradores.
Hoy no quiero tener más hijos, pues los dolores del parto son insoportables. Asunto que mis amigas María y Magdalena, no logran comprender dado que nunca han estado embarazadas. No saben si es porque estan enfermas de los ovarios o porque carecen de ellos.
¿Como podría concluir este intento de comprimir mi vida? Ya lo sé:
“ Me subyuga pasear por los parques elegantemente vestida. Siempre he creido que el pasto es más estimulante para el amor que una mullida cama”
Esta es mi historia, y tengo el honor de regalársela a usted mi querido Doctor Francisco Veyga junto algunos retratos con mi dedicatoria.
La bella Otero