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Mi Jurgen Bartsch Inventado

Posted on 18 February 2008 by orellana


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Este miedo es lo que soy. Y debo escribir sobre esto, porque tú no sabes exactamente lo que soy. Yo sé que en el acto de la confesión, la verdad se hace imposible, la memoria carece de rigidez, crea pasajes delirantes, fisuras donde el acto cometido se pierde.

 

“Cerca de la casa hay un bosque, donde vago casi todas las tardes. Mi madre está siempre detrás de aquel arbol, gritando : ¡Jurgen, Jurgen! ¿Dónde has estado?”

 

Todo mi vida; los golpes, las súplicas, será un mal recuerdo o su mancha. Un archivo forense, gigante e inquieto, marcado con fechas, nombres, muertes, y el detalle de cada crimen. Que aun sin ser más, sabrá alcanzarme, con sus repeticiones a mi todo.

 

Camino a esa cueva, las imágenes una a otra se devoran. Donde había miedo ahora hay deseo. Un deseo en acelerada compulsión de cuerpos y entrañas. Entonces, la cara de ese niño a quien ahora arrastro cambia, ya no es la suya, es la mía. Confundida en el pánico, se vuelve más hermosa. Pero esa cara no me reconoce, cae en la oscuridad que gira, en un insoportable abismo.

 

Soy frágil y cruel, como la evidencia que se descubre en el amor. Tanto silencio y el polvo a punto de cubrirlo todo. La marca mortal del recorrido, también señala el fin que se acerca. Hundido en mi propio grito, empujo la otra herida.

 

Apresuro el destino de éste animal, repitiendo mi nombre, cuando el eco que aquí encuentro, se vuelve la única linea fiel para iluminar la sangre que poco a poco, comienza a detenerse.

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Perfil

Posted on 21 June 2007 by admin

Cuando la visión obstruye el sentido,
Cefalometría:

I. Éste es mi perfil de frente,
la periferia es el centro.

II. Profundidad facial, que se cierra


III. La cicatriz de la mirada mantiene sus límites

IV. La ausencia del gesto es la gangrena del verbo

V. Recomponer el negro y fisurarse en secreto.

VI. Mordida abierta o invertida: no hay mordida.

VII. De una precisión quirúrgica, la falsa impresión de un borde soy.

Cuando la visión obstruye el sentido: tu compás se rompe,
colapsa en el contorno.

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Freda- Fred: Mitad Tristeza Mitad Mujer

Posted on 01 September 2006 by admin


En la biblioteca de Madame O se encuentra un libro enigmático, se trata del registro de una criatura enferma y maravillosa.

Algo dentro de mí se desgarra, luego sale a la superficie a través de un agujero, bajo la zona del ombligo. Tengo entonces la sensación que toda mi sangre fluye afuera sin que pueda hacer nada para evitarlo. Me acerco, no hay duda, al término de mi existencia. Mi frente parece desplomarse bajo el peso de oscuras melancolías.

Mi estado despierta serias inquietudes, lo que explica los susurros de quienes me rodean. Soy objeto de observaciones constantes, y la sala de enfermería se ha vuelto el sitio donde más veces pueden encontrarme. Allí permanezco, aislada, ajena a todas esas alegrías ruidosas que hasta hace poco iluminaban mi cara.

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La pequeña ciudad de N… dónde he nacido posee un hospicio, que destina un area al tratamiento de casos como el mío. El resto es habitado en su mayoría por huérfanas abandonadas a su suerte. Pobres seres, ¡privados para siempre de las caricias de una madre!.

Todo me asombra, la vista de los extensos corredores, poblados de niñas o enfermos, el silencio religioso durante la noche, perturbado solamente por las denuncias del sufrimiento, o el llanto ahogado de una tristeza secreta que pronto se olvida hasta apagarse en la calma de un sueño delicioso.

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Me resigno a la soledad, y cuando un gesto se levanta sobre mí, soy feliz, porque lo recibo como se recibe un favor inesperado. Más tarde, en medio de las faltas de mi vida, estos recuerdos me parecerán celestiales y serán mi compañía cuando la pena se haga inmensa.

Sufro al imaginar el día en que nadie pueda verme a causa de la espesa sombra que me envuelve desde que dejé la infancia, esa edad cuando todos somos hermosos y una luz suave e ingenua adorna nuestra mirada. Pero ese tiempo ya no existe más para mí. A medida que crezco me aparto del mundo, porque comprendo que he sido destinada a una vida aparte, a una vida extranjera.

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Sé que empeoro. La palidez enfermiza refleja un estado de morbidez crónica. Los rasgos son de una dureza inusual. Una extensa zona de mi cara está cubierta por una pelusa ligera que aumenta cada día. A menudo escucho comentarios y bromas que simulo no haber oido.

He decidido ocultar todo mi cuerpo y evito exponer mis brazos incluso durante las épocas más calurosas. Aunque intento aumentar de peso mi figura presenta una delgadez casi ridícula. ¡Yo que había nacido para amar!. Sinceramente, cada porción de mi alma me impulsa a hacerlo; si lograran arrancarme la piel, verían como tras las frías capas respira un ser apasionado.

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Se aproxima la hora impostergable. El momento en el cual la naturaleza reclama su derecho y me obliga a renunciar a una existencia de la cual me había apropiado, una biología imposible que no me pertenecía. Lo confieso, he sido cruel y egoísta. De las leyes que nos gobiernan usurpé un lugar aún sabiendo que no estaba permitido.

¿Qué por qué continué hasta el final? No podría explicarlo. Quizás por maldad, ese sentimiento siempre tan natural a nosotros los hombres.

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La Comedia de la Mente

Posted on 28 March 2006 by admin

Me duermo y me olvido, porque ya no sé de quién son estos pasos. Si pudiera soñar de nuevo, tu piel oscura sobre una cama ardiendo. Pero nada ocurre por mucho convoque. Despierto vestido de traje, inútil y desnudo, y ya quiero sentir el peso de mis ojos para volver a dormirme.

Antes yo era un niño que inventaba palabras, ahora camino abrazado para que nadie grite: ¡Que solo va ese hombre!.

Soy el mentrilocuo que termina su espectáculo, baja el telón con algo de amargura. Cierra con llave el cerebro hecho de corchos. Sin ceremonias se aleja, el que se marcha y el que nunca se marcha.

La comedia de la mente se eterniza
Se llena de locos peregrinos
de idiotas, también divinos
que los otros su farsa tiraniza

Pero sigue el teatro, burla y mofa
Los insanos son carne que se estira
A veces quietos casi siempre ira
Azotamos un látigo hecho estrofa

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Virginia en las calles de Londres

Posted on 17 March 2006 by admin

52 TS, W.C.I.
Viernes, 13 de octubre de 1927

Voy a ir al funeral a ver qué hacen con los cuerpos de los ateos. ¡Qué divertido! ¡Cómo adoro las ceremonias y las extrañas colocaciones (¿ es correcto eso?) de la especie humana!. Estoy segura de que te habrás ido con otra el próximo jueves ( tu misma lo dices, mala, al final de tu última carta, donde la víbora deja su mordedura); como nuestra relación está teñida por la melancolía; tal vez, ganamos en intensidad lo que perdemos en las sobrias y confortables virtudes de una amistad prolongada y segura y respetable y casta y fría.

Escribo a gran velocidad. Empiezo por tercera vez una frase. La verdad es que estoy tan inmersa en Orlando que no puedo pensar en nada más. Ha desplazado al romance, la psicología y todo el resto de aquel libro odioso. Mañana comienzo el capítulo que describe el encuentro entre Violet y tú. Es necesario repasarlo bien todo. Dame alguna pista del tipo de peleas que tenían. Y también, ¿ por qué cualidad específica te eligió ella?…

Será un libro pequeño, como mucho unas 30.000 mil palabras, y tal como voy, escribiendo febrilmente (sólo pienso en ti durante el día, en diferentes disfraces, y en Violet, el hielo, y Elizabeth y George III) lo habré terminado para navidad.

Orlando será un libro, con dibujos y uno o dos mapas. Lo escribo por la noche en la cama, mientras camino por la calle, en todas partes. Quiero verte a la luz de las lámparas, con tus esmeradas. En realidad creo que nunca he deseado tanto verte, sólo para sentarme y mirarte y hacerte hablar y después, rápida y secretamente, corregir ciertos puntos. Ahora vamos a tus dientes y tu temperamento. ¿ Es verdad que rechinas los dientes por las noches? ¿ Es verdad que te gusta causar dolor?.

Esto está escrito a 500 palabras por minuto con Leonard mirándome con suspicacia desde el sofá, Pinker roncando y Nelly arriba, escuchando fox-trots en el gramófono. ¡ Cómo me intraquilizas!. Este lugar está embrujado. Visto contigo es adorable; visto con Leonard es absolutamente detestable. Dime cuando vendrás y por cuanto tiempo. Si te has entregado a Campbell, no tendré nada más que ver contigo y así quedará escrito, claramente, en Orlando para que todos puedan verlo.

Por favor dime si vendrás y cuándo, porque ya me siento bastante acosada por actrices en decadencia, y funcionarios públicos.

Queridisima señora Nicholson, buenas noches.

V (para Vita)

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Lady Oscar

Posted on 13 February 2006 by admin

Está allí, al fondo del local. La reconozco de inmediato. ¿Quién bebe vodka a esta hora sino ella?. Descubro primero su imagen. Me espera sentada frente a un enorme espejo. Cuando me ve se levanta rápidamente. De este modo nos hemos conocido. A través de un reflejo, que nos sorprende uno justo detrás del otro.

Somos muy parecidos. La misma estatura, los mismos ojos muy oscuros. Necesito algunos segundos para señalar las diferencias. Su cara es lisa y los contornos suaves contrastan con mis ángulos duros, casi secos. Además, lleva maquillaje y tiene las cejas depiladas.

“Ese Soy yo” intento pensar mientras recorro con los dedos mis cejas que aún conservan su línea primitiva y las mejillas algo irritadas por el afeite. Entre muchas la escogí a ella porque me ha parecido ser la más feliz y no hay otra cosa que yo desee más.

Sonreímos al mismo tiempo para decir: “Soy yo”. Luego nos sentamos. Me corresponde iniciar la conversación pero se adelanta:

— ¿Qué vas a tomar?
— Un vodka.

Y así, comenzamos a hablar. A hablar de cuando éramos niños.

— ¿Te acuerdas? Eran unos frascos muy pequeños con tapa de goma que robábamos cruzando el patio. No he vuelto a ver ninguno como aquellos ¿Y tú?.

Hablamos como si fuéramos dos hermanos, como si siempre hubiéramos compartido la misma vida. Nada más falso; he querido decir, y suelto una frase inesperada:

—Tú no eres mi hermana.

Se ha puesto blanca como me sucede siempre.
—No eres mi hermana, ¿entiendes?.

Lo he dicho una y otra vez hasta darme cuenta que ella también repetía en voz baja:

— Por supuesto que no soy tu hermana. Soy hija única.

Nos quedamos en silencio un rato. Tiene un poco de miedo. Imagino se pregunta por qué he decidido conocerla, o tal vez quisiera saber algo más acerca de mí.

Vivo hace años en una casa muy espaciosa- comienzo a decir.

Una casa que me toma la mitad del día asear. Allí acuden a beber generalmente chicos que no trabajan porque se aburren. ¿Qué cómo vivo? Haciendo algunas traducciones de textos en francés aunque la mayor parte del tiempo la paso tirado sobre el piso .

— ¡Una vida muy interesante! Ha dicho ella sin mirarme.

Sigo hablando de lo poco que salgo. Hablo sobre lo que veo cuando me paro frente a la ventana del segundo piso. Ella escucha y su mirada hace que me detenga al terminar cada frase.

— Me queda claro. No te envidio.

Hemos reído como hacíamos antes. Luego agrega. Si tú quieres podemos juntarnos aquí en este bar, nada extraordinario. Yo invito. Ha pedido otro vodka. Yo me decido por lo mismo.

No me importaba hablar de Luis. Si le amo ¿o él a mí? Pero lo he hecho, a pesar de todo, lo he hecho. Sin embargo, parece no importarle. Con la nariz hundida en el vaso pregunta:

— ¿Y cuál es su apellido?

No hay duda que ella lo sabe. Finalmente confiesa que estaba ya comprometida con otro cuando conoció a Luis. Habla de él como de su gran amor. De una pasión que bordea el miedo.

— Él quiso estar conmigo en seguida. Me pregunto ¿ Cómo se puede llegar tan lejos y haberlo olvidado todo?
Se mueve hacia un lado para esquivar mi silueta y mirarse mejor en el espejo. La observo.

Por eso la había elegido a ella, simplemente para saber cómo era. Como era la que había logrado ser feliz, la que tenía mi nombre. Pero ahora ella me dice que no sabe cómo ocurrió, me dice que ni siquiera lo recuerda.

Voy a dejar de asear la espaciosa casa. Voy a buscar trabajo de oficina. Escribiré todo el día, hasta que me despidan, ya que escribo muy mal. Y todos las tardes, esperaré a que Luis venga a buscarme, aunque desde luego, no vendrá nunca.

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ÉL… nada

Posted on 20 December 2005 by admin

Y finalmente llegó el día en que preguntaste por qué yo era así y no de otra manera.
Y se perpetró de este modo nuestra distancia. Y me oculté como un cobarde detrás de otra respuesta:

” Me dijo que su dormitorio no tenía más posibilidades”

Hasta imaginarte escribir:

” Me dijo que no tenía más posibilidades. Que su ser carecía de más combinaciones”

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Patrick Suskind : El Nasófilo

Posted on 27 September 2005 by admin

textoalternativoSi su interés es saber sobre mí entonces mejor lárguense. En cuanto a El Perfume diré apenas esto: Escribir un libro como ése ha sido una cosa horrible.

Lo esencial son las esencias. Eso lo descubrí a los 9 años con la lectura de una carta escrita por Catalina de Siena a su confesor. En ella relata como es decapitado un joven noble acusado de traidor:

“ He logrado convertirlo horas antes de su ejecución. Para reforzar su fe decido acompañarlo hasta el momento de su muerte. Arrodillada frente al tronco, sostengo su cabeza hasta que cae cortada entre mis manos. Cuando él descansó, mi propia alma quedó en paz y armonía. Sumida en una fragancia tan intensa emanada de la sangre, que no fui capaz de quitar de mí el olor que me había impregnado “

Desde aquel día mientras otros sueñan con pies cabezas o senos yo solo puedo imaginar el paraíso oculto en esas fosas translucidas. De todos los sentidos el olfato continúa siendo el más incomprendido. Todo su proceso es un misterio.

La admiración que siento por la nariz se ha convertido en verdadera idolatría y su estudio en una suma de datos que almaceno cuidadosamente. San José de Cupertino por ejemplo reconocía los pecados de la carne por sus efluvios. La pus de San Juan de la Cruz fue alabada porque desprendía el aroma de las azucenas. A San Pacomio le provocaba nausea oler a los herejes. Y así, como si de una curiosa santidad de los olores se tratase.

Es una lástima pero al mismo tiempo una bendición que los olores permanezcan innominados, ajenos al lenguaje. Como también lo es, que el olfato se sature con tanta facilidad y que la fragancia más suave ceda ante el hedor de un animal muerto aferrándose a nosotros. De igual modo su volumen. La primera inhalación es la más intensa. La segunda un poco menos. La tercera deslucida y así sucesivamente hasta un punto en el cual se puede estar oliendo una flor o un cadáver sin apreciar la diferencia. Pero si alguien nos acerca luego un jacinto, la entrada a ese extraño imperio se vuelve a abrir hasta que una vez más agotado el sentido se cierra al placer.

Seguir viviendo de perder el olfato sería inútil, insoportable. La nariz es el órgano de la melancolía y la memoria. Incluso el gusto nace del vínculo nariz lengua. Se puede degustar aún careciendo de esa babosa viscosa que es la última. Ya lo demostró LeCat en 1750 con sus experimentos de niños sin lengua.

Cuanto más bello es algo mayor es el riesgo de sufrir actos demenciales. En la India durante miles de años se cortó la nariz como castigo al adulterio. Algunos, afligidos por la crueldad, se dieron a la tarea de reparar el daño. Primero limpiaban los bordes de la cicatriz. Continuaban levantando un trozo largo y angosto de piel de la frente que rotaban hacia abajo y suturaban al muñón hasta llenar el espacio entre las mejillas y el injerto. Sólo entonces cortaban la banda de piel entre las cejas y tras delicados ajustes daban a todo eso forma de nariz, manteniendo abiertas las fosas con la ayuda de dos tubos metálicos.

Eremita, fantasma, bizarro, llámenme como quieran. Hablar de mí poco importa comparado con este hallazgo: Gaspare Tagliacozzi, Anatomista de Bolonia, modificador del método usado en la India. Levantaba 3 lados de un rectángulo marcado en el brazo del paciente y cosía el extremo libre al muñón de la nariz. Para luego inmovilizar al mutilado con una chaqueta de cuero y metal. Con el rostro pegado a la axila, lo dejaba en esa posición durante 40 días y 40 noches.

La técnica en sí brillante perdió popularidad cuando comenzó a circular el rumor que la nariz de un reconocido duque había sido la espalda de un portero, asunto que escandalizó a todos. Además se pensó que si el donante moría antes que su receptor la nariz comenzaría a ennegrecerse de inmediato y a secarse hasta terminar desprendiéndose.

Es una historia fabulosa pienso mientras observo como la habitación se transforma en una pequeña nariz, tan pequeña y que me encierra de tal forma que al respirarla se lleva a sí misma.

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Pierre Molinier: Mi Culo y Mis Piernas son de no Creer 1900 - 1976

Posted on 10 September 2005 by admin


La decadencia puede ser descrita solo de modo decadente y así lo haré.

” Abril, 1900. Es Viernes Santo. He descubierto una extraña flor incrustada en mi pecho. Una flor tan singular que la propia naturaleza envidia y que todos se empeñarán en arrancar hasta mis últimos días”

” 1918. Julienne murió anoche como tantos otros a causa de la gripe española. Entré a su cuarto y me quedé largo rato contemplandola. Es ella, mi hermana mayor, el único ser al cual he amado. Ni Françoise ni Jacques, mis hijos. Tampoco Monique, la que fue por un tiempo mi esposa. Solo Julienne, vestida con el traje de su primera comunión.

“Desde niño, doy vueltas bajo sus faldas como una babosa voraz que va dejando a su paso un rastro pegajoso y ardiente. Ahí están por última vez sus largas piernas que intento juntar un poco. Refriego mi verga tiesa entre sus muslos hasta eyacular sobre su vientre plano. Entonces pienso:
Se ha marchado llevandose lo mejor de mí.

Algunos dicen que aquella noche fotografié su cuerpo sin vida pero no es cierto. Me dediqué apenas a cerrar los ojos. Cuando los ojos permanecen cerrados es posible observar lo que uno quiera. Se puede incluso engañar por un instante a la muerte.”

“Mi anatomía se ha convertido en el espacio donde habitan mis horrores más secretos.
Respiro con dificultad. Sumergido. Delimitado.
Son las horas en que la lepra se inclina .
Toda esta inmersión se desplaza sobre preguntas y deseos imposibles .
¿ Quien Soy? ¿ Cómo quisiera ser?.
Soy durante un tiempo la melancolía de una figura fragmentada.
Sin embargo, en ese intervalo el misterio se revela.

“Si todo es mentira yo mismo he de transformarme en una mentira.
Pero una mentira amplificada hasta el vacío. Y aunque sé que en este cambio avanzo hacia la ausencia, lo acepto. Porque deseo ir más lejos. Porque voy a precepitarme hacia el extremo del placer y el dolor, violenta y maravillosamente”

“De la contorsión a la mutilación me verán aquí estupefacto. De la mutilación a la genuflexión me tendrán de pies y manos atado. Saltaré desde el cuadro paranoico”

“Tiemblo mientras examino cada pliegue. Por debajo algo se insinúa. Una subversión. Un exceso. Inicio una exploración donde todo es asombro, sin prohibiciones ni medida. Nada en esto es artificio o copia. Si pudieran verme notarían el esfuerzo que invierto en cada prueba por reducir las distancias. Esas que me hieren. Esas que yo anuncio como malformaciones”


“Aquello que espero no es real por eso tarda tanto en venir.
Por eso me obliga a que lo sueñe como se sueña un delirio.
Observo mi reflejo. Sigo su contorno.
Entonces la excitación me consuela nuevamente.
Cuando alcanzo ese estado me habita un pulpo monstruoso”

“Erecto como una torre, su propia lengua se alarga para chuparse a sí mismo.
Se empuña para encularse pero no lo consigue.
Me inunda luego un odio inmenso por las dimensiones de mis piernas y brazos.
Tengo que apagar todas las luces.
Correr las cortinas. Cerrar cada puerta para así poder existir.
No hay en mí terror al límite.
No voy a esperar a que él me ahogue.
Saldré a su encuentro”


“Estimado Señor:

¿Me pregunto si es que acaso estará usted de acuerdo que no siempre el sitio más misterioso se encuentra ahí, bajo lo que la tela cubre?

Siendo de mi interés participar en su exposición le adjunto algunas fotografías que dan prueba del placer que experimento al admirar mis muslos enfilados en medias apretadas por finas ligas y que provoca surja la inmediata adoración de mi personaje.
Muchas veces sucede que me corro sobre la ropa mientras me introduzco el consolador y comienzo a inflarlo cuando está dentro de mí. Esto hace necesario que deba sacar las manchas y preparar toda la escena nuevamente.

Advertirá además la exagerada propensión que tengo hacia mi culo y mis piernas. Es que si hasta ahora no ha podido dejar de apreciarlas es simplemente porque son de un encanto inútil de evitar. ¿ No lo cree?.
Incluso le diré más. Le aseguro que si se atreviera a poner su cabeza justo en el medio de ellas y luego yo las volcara en diagonal, tendríamos como resultado un desenlace a lo menos fatal”
Su Lesbien Putan
Pierre Molinier

“Tras varios diseños fallidos he fabricado un aparato al cual llamo godemiche.
¡ Sí. Mi Godemiche Fetiche!.
A partir de sedas y medias comprimidas que he cubierto después con una tela especial. De este modo permito su preservación al tiempo que es posible lavarlo con muchisima facilidad.
Hago una perforación en el tacón del zapato para emsamblarlo con delgadas tiras de cuero que actúan como si de una bisagra se tratase. A medida que domino la técnica, varían en longitud, grosor y forma llegando incluso a poseer alguno de ellos hasta tres cabezas”

“El obturador y mi ano se abren con una sincronía casi perfecta. Penetran profundo hasta hacerme estallar”

Cientos de zapatos y lapices labiales. Enclaustrado por voluntad propia en esta especie de monasterio, mitad divino mitad obsceno.
Mi departamento se ha convertido poco a poco en un verdadero depósito de prótesis: brazos, cabezas, piernas, pechos y culos. En una colección interminable de espejos que abren el espacio tanto como lo obstruyen.
Si alguno de ustedes cruzara aquella puerta entraría de inmediato a mi universo de terciopelo negro. Hostil y denso. Atravesado por el reflejo de mi imagen que cuelga como una estrella absurda y fantástica.

“Trabajo, como y duermo rodeado de máscaras, maniquíes, suciedad, pelucas, joyas, libros, muñecas de cera, velos transparentes, cadenas, pinturas, botas, cuchillos, gatos, ropa y aparatos de todo tipo. Convertir el mindo en una Gran Burdel eso es lo que ansío””


“Antes me travestía para confundir y también porque me producía gran placer maquillarme. Ahora lo hago porque no me reconozco. Los límites entre el interior y el exterior se han desvanecido. El cuerpo ha explotado y lo que resta de él, se confunde en una mezcla putrefacta y viscosa”

Soy Mandrake Texti-cular. Todo ese juego de acciones y artificios con mi ano, con mi verga, tiende hacia un ideal androgino. Maculino/Femenino. En cierto modo lo he conseguido ayudado por la fascinación que ejerce sobre mí la atracción de unas piernas enfundadas en oscuras medias. O bien los zapatos con tacón aguja. Siempre altos, para tensar dolorosamente los músculos.


” Basta que dibuje, recorte partes y las una, para crear un tipo de bestia imaginaria. Una especie de ventrilocuo que bajo sus oropeles de hombre esconde la abertura propia de una mujer.

Someto mi cuerpo a ejercicios y dietas para incrementar su elasticidad. Sujetado por cuerdas, aumento la tensión, lo estiro hasta bramar, al borde del desgarro, de la completa destrucción.
Ya van a ser 18 días que llevo sin comer nada. Durante este tiemopo me he dedicado a tragar mi semen y mezclarlo con la pintura para abrillantar aún más los colores”

“Con algo de yeso pintado he dado vida a mi esposa imaginaria, una muñeca que me sirve de sustituto aunque carezca de movilidad, lo que es tan encantador como lamentable. Parece un hermoso muerto que sodomizo y me sodomiza al mismo tiempo. La he confeccionado con una cabeza giratoria, adosada a una estructura rigida que se prolonga hasta la midad del muslo”

” Ser hombre o mujer ya no tiene importancia. Así la carne no es más que una lesión útil únicamente para camuflarse. Para construir la anatomía que aún no llega”

” Mi ambición no es traspasar la linea de los géneros.
Mi ambición es destruirlos.
No me seduce batirme a duelo con los roles impuestos, sino dejarlos pasar. Ignorarlos”

” No me siento en absoluto inclinado a estimar que la sexualidad pura sea lo más esencial. El simple hecho de que se trate de un hombre o una mujer no me estimula. Sí, una pierna hermosa, una pantorrilla, independiente de quien sea su dueño logra siempre excitarme. Ante todo lisa. Sin vellos sobre la superficie, los cuales detesto”

Marioneta translúcida.
Barniz que se quiebra.
En su caja repleta de patas me enamoro de mí mismo.
Como una araña high teck tejo la red de otras perversiones.
Paso a ser lo que he nunca he sido, lo que siempre he deseado ser:

Una muñeca híbrida. Retocada y hermafrodita.
Un animal curioso cuya sonrisa trágica suprime el tiempo.
El apagón de mi pequeña alma. La noche con sus dedos de aire .

Sin avergonzarme, puedo escribir que me amo.
Que algo se entromete y se desliza por mi abdomen rumbo al orificio.
Desde donde vuelvo a tender la herida que nos mantiene separados”

Marzo, 1976.
“Hace más de veinte años atrás construí y fotografié una cruz que titulé :
Tumba Prematura. Tenía una bella inscripción donde se leía: Aquí yace Pierre Molinier, nacido el 13 de Abril de 1900. Fue un hombre sin moralidad. Inútil llorar por él.Ahora todo esa fingida ridiculez da paso a lo verdaderamente ridiculo.

Nunca busqué una apariencia amable para atraer ni un apariencia desagradable para horrorizar. Busqué solo un punto fijo a través del cual desaparecer, descomponerme.

André Breton dijo cierta vez de mí que yo era el Maestro del Vértigo y Vértigo es lo único que siento ahora mientras clavo en la puerta de mi dormitorio una pequeña nota, justo sobre aquel sillón Luis XV. En ella he escrito : Me llevo mi vida, la llave la tiene el conserje .

No hay miedo. No hay hay sangre. No hay nada. Apenas unas gotas adornándome una oreja. Les advierto. Será un acto que verán solo una vez: Preciso, inocente, casi infantil.
Contra cualquier cosa dicha, soy yo, soberano absoluto de mí mismo quien les afirma: Es esta la única fotografía suicida jamás coreografiada. La Fotografía de mi propia muerte”

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El Sukiyaky de Sagawa

Posted on 02 September 2005 by admin


En todo caso sucedió así. No voy perder el tiempo en dar lugar al buen gusto, a la sensibilidad ni mucho menos a la imaginación. A cualquier noción de matices o proporciones. Nada se interpondrá a mi deseo de abandonarlos a mitad de camino. En medio de esa espesa niebla en la cual me extravié también yo un día.

(París, 1981)
“Soy en mi estilo horrible. Tengo manos y pies pequeños, una voz filosa como la de un eunuco y una cabeza desproporcionada por la cual circula un único pensamiento”

“Mido un metro cuarenta y cojeo al caminar. Ella en cambio es alta. Su nombre : Renée. Holandesa, rubia . Por sobretodo rubia. Se ha inscrito a mitad de año en nuestro curso de literatura comparada. Desde el primer día me siento a su lado sin dejar de pensar ni por un momento en la blancura de su brazo”

“Le he pedido me enseñe alemán. He aquí la interesante verdad. Reducida. Infinitamente limitada al dominio de las palabras. Ella acepta. Sin duda le divierte el hecho ser la única a quien le hablo. No oculta su asombro frente a mi inteligencia. No finge ni simula como el resto”

“Es Mayo. Caminanos juntos sin parar de hablar bordeando un bosque. Tan rico, tan arrebatador como lo es ella misma. La cuestión de la realidad de ahora en adelante se diluye. Apenas una partícula de coherencia para sostener la historia”

” Me animo a invitarla por fin a mi departamento. Hemos tenido una conversación agradable pero algo agotadora acerca de Shiki Masaoka y el mito de su belleza. Antes de irse le pido lea por última vez “Iglesia Muerta” de Trakl . Mientras su boca gesticula la mía se deforma. Cuando se marcha me dedico a oler y lamer cada sitio donde ha estado sentada”

“No necesito tomar prestado ningún motivo. Poco importa. Simplemente el germen creció tanto que un día todo le pareció diminuto. Renée colaboró a transplantarlo”

“Vuelvo a invitarla. Se ha mostrado complacida con la idea de grabar la lectura de aquel poema que tanto disfruto. Le he dicho que mi intención es hacer oir luego la cinta a un profesor. Cenaremos Sukiyaky; trozar, secar y servir. Todo muy sencillo. Prestando atención en no mezclar jamás los olores”

(11 de Junio, 1981)
Renée repite algunas frases mientras yo preparo la grabadora. A la señal acordada comienza. Siento como su voz me traspasa : Lo mira fijo desde muchos ojos en el vacío. Y una voz semejante a todas las otras, solloza mientras el espanto crece en el espacio. De pronto una luz, un fuerte sonido y luego, su cuerpo cayendo de la silla al piso. Sus ojos, su nariz, su boca, la sangre sale por un orificio en su frentre. Insisto en hablarle, pero no responde. Trato de limpiarla pero no puedo detener el fluido de su cabeza. Todo está muy callado. Sólo el silencio de la muerte persiste.

“No había previsto la dificultad que implica desnudar un muerto. Finalmente lo consigo. Su cuerpo es blanco casi transparente. La toco, es lisa. Completamente luminosa. Entonces pregunto donde debería morder primero. Me decido por una de sus nalgas. Mi nariz se cubre con su piel fría. Intento continuar pero no puedo. Un repentino dolor de cabeza me distrae. Voy por un cuchillo y lo clavo profundamente en ella”

=''“Mucha grasa exuda del corte. Es extraño como miles de secretos sutiles y grotescos van poco a poco apareciendo. Tras un montón de capas amarillas asoma algo de carne roja. Corto un trozo y la pongo en mi boca. No presenta olor alguno. Se derrite en mi lengua cual perfecto bocado de pescado crudo. Rebano su cuerpo y levanto la carne repetidas veces. Tomo una fotografía de su cadáver opacado solo por la profundidad de las heridas”

“Ya desnudo me tiendo sobre ella y penetro en su cuerpo aún tibio. Cuando la abrazo emite una especie de suspiro. Me asusto. La beso y le digo que la amo. Es increíble que aún muerta siga siendo tan reservada. Tiene una nariz pequeña y labios delgados. Mientras vivía ansié morderlos. Ahora puedo satisfacer cuantas veces quiera ese deseo. Mastico el cartílago hasta oír como se rompe. Utilizo un pequeño cuchillo para cortarlo aún más. Es duro y desabrido”

“Arrastro su cuerpo hasta el cuarto de baño. Estoy exhausto, sin embargo consigo cortar su cadera. Apuñalo el estómago. Al abrirlo sobresalen gruesos y largos tubos que se enrollan sobre sí mismos. En uno de sus extremos encuentro una bolsa gris. Un intenso olor se desprende tan pronto como la levanto. Introduzco mi mano en la cavidad. Agarro otra bolsa. Creo que es su útero. El hallazgo me paraliza por un momento. Saco los tubos. Siento que la piel me arde. El líquido me quema los dedos. Avanzo con el cuchillo eléctrico más arriba. A través de músculos y órganos. Al llegar a la columna vertebral el aparato se detiene y debo recurrir a una pequeña sierra”

“Pongo la carne en una cacerola. Después que todo está listo acerco la mesa y uso su ropa interior como mantel y servilletas. Retrocedo la cinta con la bella lectura que ha hecho del poema. Noto que falta todavía algo de sabor. Añado sal y mostaza. Su carne es de una calidad espléndida, muy alta”
=''
“Voy de nuevo al cuarto de baño y corto parte su pecho que deposito en el horno. Me agacho para observar como se hincha mientras se cocina. Lo sirvo tal cual lo he trozado. No es tan bueno como esperaba. Demasiado grasoso. Intento probar en otra parte. Empiezo a comer al azar. Muerdo un dedo del pie. Aceptable”

“Debo extraer la carne antes de amputar los miembros. Toco el cuerpo frío otra vez. Agarro su rodilla y la rasgo con mis dientes. Sus muslos son muy blandos. Mastico lentamente. Cuando miro en el espejo apenas reconozco mi cara, está entera cubierta de grasa. No resisto el sueño. Me recuesto a su lado”

“El zumbido de tres enormes moscas me despierta. Son tan grandes que parecen un enjambre oscureciendo su rostro. Al moverme se despegan. Intento seguirlas pero escapan. Lo sé. Son la señal que ya la he perdido, que la he roto para siempre. Como un niño rompe su juguete predilecto”

“Nada en ella huele mal pese al tiempo transcurrido. Continúo comiendo, en particular sus brazos que es una de sus partes más sabrosas. Recorto el ano y lo dejo caer en mi boca, pero su olor muy fuerte me obliga a escupir. Al freírlo no ha disminuido su olor por lo cual lo he dejado al interior del abdomen. Al poco rato, anhelo su lengua. Como no puedo abrir su mandíbula, planeo un modo de alcanzarla a través de sus dientes”

=''“Es necesario terminar con todo esto. Desprender su cabeza es la cosa más difícil que he tenido que hacer. Corto el cuello hasta que puedo ver el hueso, después corto otra vez. Todavía lleva su collar. Intento utilizar el cuchillo eléctrico, pero no funciona. Uso otra vez la sierra. Imagino la guillotina. Es asombrosamente fácil decapitar si se tiene un instrumento eficaz a mano”

“Con la cabeza despegada de su tallo ahora es solamente carne. Jalo el pelo y veo como cuelga. Siento ganas de comer sus ojos. Aunque es la parte más fácil de su cara es terrible insertar el cuchilo en ellos. Puedo ver como se deslizan hacia el lado izquierdo de su rostro. Ahora es casi un cráneo. Dejo la cabeza en una bolsa de plástico”

“Pulso varias veces. Requiere de gran esfuerzo cercenar las piernas. Su cuerpo salta. Finalmente se separan. Entonces corto los brazos que resultan incluso más duros que éstas. El cuchillo eléctrico da resultado esta vez. En su mano izquierda todavía luce el anillo y la pulsera que le regalé hace unos días”

“Ordeno cuidadosamente los platos. Abro el refrigerador. La huelo y miro desnuda ahí adentro. Reconozco cada uno de los segmentos de carne. Ésto es parte de su cadera y ésto de su muslo. Los frío. Su ropa permanece sobre la mesa de cristal. Sin embargo cuando está en la boca se hace difícil conectar un trozo de carne con un cuerpo. No guardan semejanza alguna”

“Continuaré comiendo hasta que ellos vengan.
Cada día la carne llega a ser más blanda, cada día el gusto más exacto.
Más dulce”

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Diane Arbus : La Belleza Insólita

Posted on 19 June 2005 by admin

Decidí ser una artista triste y lo he sido, decidí salir a buscar un mundo irreal y lo encontré. Decidi vivir sin reglas sociales, morales o artísticas y así fue.

Nací en marzo de 1923. Mi familia tenía un negocio de ropa elegante para mujeres detrás del Empire State. Durante mi niñez viajé a bordo del Aquitania, paseé por Europa y me eduqué en las mejores escuelas. Es extraño pero solo ahora noto que ni en las fotos de mi infancia sonrío. Aperezco siempre desolada, sombría, perturbada por un sentimiento que se asoma recóndito. En esas imágenes me veo rodeada de todo lo imaginable. Pero algo falta, algo que crece como una protuberancia intolerable.

No sabía que era judía cuando niña. Tampoco sabía que era desafortunado serlo. Como mi padre era un judío rico y yo iba a un colegio judío, adquirí un firme sentido de irrealidad. Entonces lo único que percibía era esa sensación de irrealidad: “la honda y egoísta indecisión de la mujer que cierra los ojos a todo”.

“ Fui una niña sobreprotegida quizás esa es la razón por la cual ya desde adolescente quería conocer ambientes menos pulcros y lujosos a los que estaba acostumbrada. A pesar de mi timidez inicié la exploración de otros mundos en la búsqueda de personajes singulares provistos de una belleza insólita. Eran incursiones solitarias y nocturnas. Largas conversaciones con prostitutas, decadentes, mendigos para luego convencerlos que me dejaran tomarles una fotagrafía. Poco a poco fui conformando una galería de seres que más que personajes de la noche eran alegorías de otras pesadillas. Un inigualable museo de hombres, mujeres y niños marginados por todas las miradas. Me inflamaba la idea de ir al encuentro de lo grotesco, de lo bellamente horrible. Un carnaval donde desfilaban miserables, alcoholicos, artistas callejeros, campeones de lucha libre, reinas de belleza envejecidas. Algo intenso surgía de esos personajes de un adentro que me arrastraba, como si me obligasen a verlos. Todos llamaban mi atención. Pasaba horas estudiando sus movimientos. Acosaba a los exhibicionistas, hasta convertirme yo misma en uno de ellos. Creo que fue en esa época que comencé a masturbarme con las ventanas abiertas, anhelante de la presencia de alguien a escondidas observándome…

En cuanto a las personas excéntricas o singulares, como las llamo, lo importante para mí era el sujeto, su extrañeza, la diferencia, el ínfimo temblor de realidad que aparta a ese personaje del resto. La imagen que se tiene de los monstruos fue uno de los primeros motivos que fotografié y poseía un tipo de excitación terrorífica para mí. Me hacían sentir una mezcla de vergüenza y temor. Pero de pronto, empecé a quererlos, y amé a mucho de ellos por largo tiempo. Nacieron con su trauma. Aún así han pasado su prueba en la vida. Son ellos son los verdaderos aristócratas.

Cuando la excentricidad es física, cualquiera la advierte con facilidad: unos gemelos tristísimos, gigantes encorvados bajo el techo de una casa , travestis, nudistas de cuerpos rugosos, tragasables, obesos, deficientes mentales en un recinto de vacaciones. Lo que está fuera de lugar es menos fácil de descubrir. Es en esos casos cuando se producen mis mayores combates y los encuentros más terribles con la oscuridad.

“Ayer, una amiga me dijo : Eres valiente porque nos muestras a toda esa gente que no vemos. Que no queremos ver. Por eso cada vez que camino por la calle puedo ver una fotografía tuya. Una fotografía que nunca hubiese visto de no haberte conocido”.

“A veces, pienso que este terror está vinculado a algo que yace en lo más profundo de mi mente. Un ser oscuro y antinatural que llevo oculto. Mi padre me había prohibido mirar todo lo que fuera “anormal”: un albino con los ojos rosa, un bebé con labio leporino, una mujer gorda como un globo. Cuando nadie estaba cerca lo hacía compulsivamente. Mis ojos deseaban apoderarse de toda la rareza humana. De esas criaturas curiosas que tenían madres como la mía, pero habían salido del útero alterados por una misteriosa fuerza que no llegaba a comprender “.

“Mi imaginación, me obliga a vivir en un estado constante de crisis, de cierta excitación, que me resulta perturbadora. Algo me quema por dentro. Lo peor es que estoy tan aterrada de deprimirme que a veces me falta confianza hasta para cruzar la calle”.

“Pienso que toda imagen no es más que un vacío de la realidad. Lo que se ve es sólo un residuo de lo que sucede. La belleza , el espanto, o el miedo, está en lo que el encuadre deja fuera, en lo que insinúa. La foto suspende el tiempo, pero nosotros somos el tiempo. Crea una historia, pero nosotros somos, esa historia. Así, lo que observo es siempre imprevisible, porque no está en la fotografía sino en los terrores de cada uno ”

“Tengo la fascinación de lo prohibido, aquello me hipnotiza. Cada intento de expresar los infortunios de la especie humana a través de un solo individuo, se convierte en el deseo imposible de sostener la eternidad en un cuadro. Es un morbo casi infantil el que me empuja. Sigo el sonido de una melodía inquietante, llena de acordes , donde la normalidad se disfraza. Marcho junto a una procesión de monstruos arrebatadamente humanos, de almas estrafalarias y dramáticas, de seres sacados como de un sueño…”

“Peso 45 kilos y mido un metro setenta centímetros. Visto de manera descuidada y en ocasiones hasta lamentable. Llevo semanas usando la misma ropa. Mi vida sexual es agitada, promiscua. Despierto indistintamente junto a hombres o mujeres. En algunas oportunidades he tenido sexo con muchos de los monstruos a los cuales retrato, o lo he soñado, no lo sé. Me he hecho especialista en plasmar orgías perpetuas sumida a veces en el placer, y otras, en una melancolía insondable. El reflejo de estas personas está empañado por una belleza frenética. Son el espejo donde algún día podré contemplarme y descifrar esa monstruosidad que en algunos persiste muy bien guardada y en otros escapa a la superficie como una ridícula ofrenda”.

He encontrado junto a mi cama una carta. Reconozco de inmediato la caligrafía de mi hermano. Sus palabras sin embargo, apenas legible, parecen construidas con una metódica tristeza. Suenan bellas, llegan a mí desde lejos, mientras me adormezco, solo las frases se levantan como columnas sobre las cuales reposan por un instante mis cansados párpados:

Mi querida, me pregunto si antes del fin pensaste en aquel juego de niños
al que seguramente jugaste, en el que corres por encima del estrecho muro de un jardín imaginando que es la cima de una montaña con insondables precipicios a ambos lados y cuando sentiste que perdías el equilibrio saltaste, porque temías caer, y pensaste sólo por un instante: Es ahora cuando muero.
Eso fue hace una vida. Ahora ya no estás, te negaste a seguir jugando el juego de los adultos en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad se sigue corriendo sin mirar abajo y nunca se salta por temor a caer.

Antes de cerrar los ojos esbozo una sonrisa al pensar que es una verdadera ironía suicidarse en la estación del año que menos me gusta: el verano.

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Vita y Virginia

Posted on 09 June 2005 by admin

vita1zf.jpg Martes 5 de enero 1927

¿ Por qué piensas que no siento o que hago las frases? “Frases encantadoras”, dices, que le roban la realidad a las cosas. Es todo lo contrario. Siempre, siempre trato de decir lo que siento. Por alguna razón, todo es aburrido y triste. Te he echado de menos. Te echo de menos. Te echaré de menos. A medida que te alejas me resulta más difícil visualizarte, y pensar en ti con fondo de pirámides y camellos me abruma un poco. Pero vamos a dejar eso y a concentrarnos en el presente ¿Qué he hecho?. He sido muy laboriosa. Creo que en parte debes haber desorganizado mi vida doméstica, porque en cuanto te fuiste cayó sobre mí un torrente de obligaciones. No tienes idea la cantidad de colchones, mantas, sábanas, fundas y enaguas que he tenido que comprar. Por algún motivo mi incompetencia y el hecho de que los vendedores no me crean me transforman en una arpía fastidiosa. Escribo rápido, todo de golpe, (¿ Has visto lo apretado de mis letras?) Es porque quiero decir muchas cosas pero no aburrirte. Entonces pienso que, si las aprieto bien , no verás lo larga que es esta carta. ¿ Si he visto a alguien? Sí, a muchos. Hay tantos manuscritos que leer y cartas que escribir, y Doris , una pobre y desaliñada mujer que tuvo la increíble impertinencia, en parte falta de educación y también lo que ella cree talento y yo considero un cerebro respetablemente despierto pero vulgar, de decir: Pero, señora Wolf ¿tengo, en su opinión, talento suficiente para dedicar mi vida a la literatura? A lo que con mi voz más decidida respondí, que mejor se hiciese cocinera. En cuanto a mis encuentros, no me he enamorado de nadie… aunque ésa no es mi línea exactamente. ¿ Lo habías adivinado? No soy fría; no soy farsante, ni débil, ni sentimental. Qué soy. Quiero que me lo digas tú.
…Voy a tener un pequeño grupo dramático. Me gusta la profusión de esas pobres criaturas: pintadas e irreales, todas desperadas porque no tienen trabajo o están enamoradas. Creen que soy una gárgola grotesca, semihumana, rígida como un demonio en una catedral. A ellas les parece increíblemente excitante que yo mueva las piernas y hable como un libro. Pero no durará mucho. Es parte de mi esnobismo adornar toda la sociedad salvo la mía propia. Pero (volviendo a tu carta) siempre supe que eras distante. Sólo que me dije: insisto por pura amabilidad. Con ese objetivo fui a verte.
Abre el primer botón de tu blusa y allí me verás anidando, como una ardilla de hábitos inquisitivos pero de todos modos adorable.
Miércoles 2 de Febrero.
No hubo carta tuya ni hoy ni ayer. Me desperté muy melancólica en medio de la noche. Se está yendo el efecto de mi narcótico ¿ Por qué se ríe de mí la gente?, pregunto. Sabes, es una gran cosa ser un eunuco, como yo; quiero decir, no saber cuál es el derecho o revés de una falda, eso hace que las mujeres confíen en mí. Aquí en mi cueva, veo las cosas que vosotras, criaturas resplandecientes, hacéis invisibles con la luz su gloria.
No, no tengo un resfriado pero estar aquí escribiéndote en medio de todo este desorden, es como tener uno. Hasta el momento no he podido abrir un libro sin ser interrumpida. Y luego tú no estás… Me encuentro a merced de la gente, sola. Como un objetivo lamentable, incapaz de expresar sus necesidades. Cómo me has desmoralizado. En cierta época yo era una mujer vigorosa, pero ahora todo me resulta frágil y laborioso mientras pierdo el tiempo levantando la tapa de mi cerebro para ver si hay allí un pez flotando, un nuevo libro. No, por el momento no hay nada.

6 de Marzo de 1927
Este año me pareces más inalcanzable, empolvada, con las piernas más blancas, más galante y aventurera que nunca. Me echo en la cama he invento historias sobre ti. Envíame un montón de hechos: ya sabes como los amo… He tenido una semana aburrida. Ninguna fiesta salvo una, ofrecida por L. para seducirme y obligarme a gustar de un rosado muchacho suyo – uno nuevo claro- pero fue inútil, estos sodomitas siempre están medio dormidos y resultan fatigosos. ¿ Es que agotan su encanto en narices y cosas así?.
Han surgido dos mujeres extrañas: una de ellas es una mala cantante, que me pide vaya a verla en la cama ¿ lo haré? . La otra ¡Qué importa!. Yo quiero a Vita; quiero al insecto, al crepúsculo. Dejo esta abierta a la espera de las tuyas. Ninguna. Ahora debo terminar esta carta. Y no he dicho mucho de nada ni te he dado una idea de las altísimas y aterradoras olas y los profundos pozos infernales a los que asciendo y desciendo en pocos días. Como todos. Subimos y bajamos violenta, incesantemente, y me siento algo avergonzada, ahora que trato de escribirlo, de ver qué minúsculo egoísmo hay en el fondo de todo eso, por lo menos en mi caso: que no puedo escribir mi novela, que debo salir a tomar el té, que tendría que comprar un sombrero. Ah, pero también está Vita. Quererla no es un egoísmo minúsculo.
¿Sabes que esta mañana sufrí un verdadero golpe de decepción? Estaba segura de que tendría una carta tuya, la abrí, y en su lugar encontré la carta de una mujer que hace diez años se sentó frente a mí en un ómnibus azul y que ahora quiere venir a hacer un busto mío. Pero la adulación implícita me enfadó tanto, que otra vez estuve maldiciendo: no hay intimidad, siempre hay gente que viene y no hay carta tuya. ¿Por qué no? Sólo una nota y un gemido salvaje y melancólico a lo lejos.
Y tampoco ninguna fotografía.
Adiós, queridísima criatura lanuda.
Tuya, V. W.

* “Es increíble lo esencial que te has vuelto para mí… Maldita seas, criatura mimada. No conseguiré que me ames más traicionándome así”.

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Balthus: Los bellos días de Balthasar Klossowski

Posted on 08 June 2005 by admin

El tiempo se detiene en los bellos días, como si el movimiento fuese incapaz de sostenerse a sí mismo. Surgen de pronto, traviesos angeles, suspendidos en una total indeferencia.
Son criaturas encantadas, ajenas al juicio oscuro de quien las contempla.
Se presentan ante mí casi siempre en la misma postura y sitio.
Al interior de una casa, sentadas o tendidas. Tratando de entregarme algo que sin embargo se tuerce en una profunda somnolencia cuando trato de alcanzarlo. Permancen ahí , quietas, acomodadas sobre una especie de silla o sofá, de respaldo redondo y patas curvas. Entonces parecen menos celestiales, con una una pierna extendida y la otra doblada, sofocadas en un vestido que descubre un hombro o bien resbala sobre los muslos hasta asomarlos casi completamente.
A veces, dejan caer sus brazos, agotadas bajo mi ojos. Vienen solas o acompañadas por alguna persona, pero más comunmente por un gato. Traen consigo espejos en los cuales nunca se miran. Como ahora por ejemplo, en el que yo al fondo, a torso desnudo atizo el fuego, intentando en vano ocultar mi presencia.

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Madame Blavatsky: El Viaje

Posted on 28 January 2005 by admin

textoalternativo

Cuando nací todos quedaron asombrados porque mis ojos no miraban hacia afuera sino hacia adentro. Pero fue mi bautizo, el presagio de lo que más tarde ocurriría. De pronto, la llama de uno de los cirios incendió por completo el lugar. El fuego y el pánico se propagaron tan rápido que menos de la mitad logró escapar con vida. Creo que fue desde ese momento que la gente comenzó a murmurar cosas extrañas sobre mí.

Sonámbula desde niña. Vagué por las habitaciones de la oscura casa, conversando con las ánimas de mis familiares ya muertos. Mis padres y mis hermanos muchas veces fueron testigo de esto, pero lo callaron para protegerme.

A los diecisiete años dejé los estudios. Siempre supe que carecía de cualquier tipo de gracia o encanto. Quizás ese fue el motivo por el cual me casé con un viejo militar de casi ochenta años. Pero el enlace no duró mucho, al poco tiempo lo abandoné, detestaba su olor, su piel contorsionada y el espanto que le provocaba cuando notaba que mis ojos observaban mirando hacia adentro. Ya libre y con dinero suficiente, comencé un singular itinerario de viajes a través del Estigia, el río con las aguas más oscuras y cansadas de todo el planeta.

En la Región del Tártaro conocí a un mago musulmán que me enseñó a dilucidar entre el mundo real y el reino de los muertos. Pude atravesar sin dificultad ambos territorios y fue mío el conocimiento de otros mundos superiores y el hallazgo de la sabiduría más hermética. A cambio, tuve que eliminar de mi mente el espejismo de mi propio yo y engañar a los tres jueces inmaculados para no beber el agua que me haría perder toda mi memoria.

A mi regreso se produjo otro acontecimiento. Una noche, mientras paseaba a orillas del lago Lhéete, me vi rodeada de príncipes ataviados con curiosos ropajes. Entre ellos reconocí de inmediato, al Gran Sabio, a quien tantas veces había llamado. Estuvimos conversando durante varias horas. Antes de marcharse me acarició con su cabeza derecha, encomendándome una misión que no puedo revelarles.

Luego vinieron más mensajes sobre la secreta doctrina, y la creación de un gobierno invisible. Completamente fascinada veía como distintas personas llegaban a mi casa para adherirse a esta nueva ciencia. Deseaba tanto no defraudarlos, pero el gran misterio no podía ser entregado a cualquiera. Entre cientos de candidatos, apenas dos no fracasaron en su intento y solo uno fue bañado por entero. Iniciarse en este camino demanda rigor e inteligencia. Muchos de quienes se lo propusieron debieron haber meditado antes de someter su voluntad.

Con el tiempo mis habilidades fueron aumentando, pudiendo incluso prescindir de todo mi cuerpo. Esta cualidad me permitió trasladarme hasta las regiones más herméticas. Ahí descifré lo indescifrable, empleando un conjunto de textos que he encontré en las puertas de un templo subterráneo. En estos se narra la horrible historia de la humanidad, en una sola palabra. Una palabra prohibida e impronunciable.

Esta palabra se contrae constantemente para no ser oída ni tocada. Pero él me ha premiado con la posibilidad de transmitirles en nuestro lenguaje su significado:

” Al inicio el hombre original y su terror subsistían solo como una diminuta esfera de luz a la espera de transformarse en carne y miedo. Fueron seis las razas en el ciclo de la evolución humana, seis sus fuegos y seis sus angustias. La primera raza era solo una sombra de luz sobre el plano ardiente de la tierra. Las otras pasaron de células transparentes y volátiles hasta llegar a convertirse en seres sin forma, que eligieron la tierra imperecedera para desarrollarse. Esa que los falsos textos nombran como Edén, se convirtió así en el continente de la penúltima raza: El hombre condenado por el conocimiento. El hombre condenado por Dios. O sea, el hombre maligno”.

Todavía queda tiempo para que la sexta raza se asome entre nosotros. Cuando eso ocurra ya todos ustedes se habrán extinguido. Mientras tanto yo me quedaré aquí, dormida a los pies del único filósofo verdadero.

A la espera, a la infinita, pero paciente espera

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Lewis Carroll: Carta de los 182

Posted on 17 January 2005 by admin

Mi muy querida Alicia :

Estará sorprendida y desconcertada, al oír la extraña enfermedad que tengo desde que usted se ha ido. De inmediato solicité ver un doctor, al cual le he dicho:
“Deme algo pronto porque me siento muy cansado”.
- “¡ Esas son estupideces sin sentido! dijo él. Usted no necesita ninguna medicina: ¡Váyase a la cama!”. Entonces discrepé, ¡No; no es la clase de cansancio que se pasa con la cama!. Nota como todo mi rostro trasunta cansancio. El doctor me observó con expresión grave, y preguntó :
¿Es su nariz la que está cansada?. Respondí, “No, no es la nariz. Quizás sea el pelo.” Entonces él se mostró más serio aún y señaló: “¿Ha estado usted caminando mucho con la barbilla?. Respondí nuevamente “No” . Que curioso dijo él, de verdad esto me desconcierta mucho. ¿Piensa usted que el problema podría estar en los labios?” . ¡Por supuesto! dije. ¿Puede explicarme qué es lo que me sucede exactamente? .
“Yo creo que ha estado dando demasiados besos…” afirmó con seriedad el doctor. Bueno . Le di un beso a un niña, una pequeña amiga mía de nombre Alicia. Piense otra vez, dijo él, “¿Está seguro de que ha sido solo un beso”
Pensé otra vez, y dije, “puede que hayan sido 11 veces”.
Entonces el doctor senteció: “Usted no debe darle ni uno más hasta que sus labios se hayan recuperado”.
Pero ¿cómo hago? le pregunté. ¡Le debo 182 besos más! . Entonces al ver que las lágrimas corrían por mis mejillas, susurró: “Mándeselos en una caja”. Fue ahí cuando recordé una pequeña caja que compré en cierta ocasión pensando que podría regalársela a alguna niña . Así que me he dado a la labor de Empacar cada uno de ellos cuidadosamente.
Por favor dígame si han llegado todos o si alguno se ha extraviado en el camino para enviárselos en cuanto pueda.

Oxford, 28 de octubre

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Lewis Carroll: Disfraz

Posted on 17 January 2005 by admin

textoalternativo
Cuando mis Alicias llegan eligo uno de los vestidos que previamente he seleccionado. Es un efecto mágico e inquietante el que se produce al momento de ser fotografiadas. Tendidas sobre un cobertor, adormecidas en el sofá. Fingiendo que no me escuchan, completamente encantadoras.

Mi gusto por los disfraces no deja de aumentar. Disfrazo a mis Alicias de niñas romanas o griegas, las visto con chales hindúes. Se presentan ante la cámara en hermosos trajes daneses. Las transformo en chinas, luego las convierto en princesas, ataviadas con los misteriosos ropajes de los mares del Sur, y en ciertas ocasiones, me parece que todo este artificio resulta innecesario y voy más lejos, hasta que ya no queda ningún disfraz.

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Gabrielle Wittkop: Libertina

Posted on 06 January 2005 by admin

gabrielle_wittkop.jpgMe suicidaré a los 82 años. Antes claro, de haber nacido en Nantes y vivir gran parte de mi vida en Frankfurt. Nunca iré al colegio, estudiaré en casa. Entre otra cosas seré viuda, tras estar casada durante 40 años. No tendré hijos (odiaré siempre a los niños). No perteneceré ni a la derecha ni a la izquierda, la política me fastidiará siempre. Detestaré a las feministas. Continuaré siendo atea y escribiré a lo menos unos 14 libros.

Hace algún tiempo ya, planifiqué el suicidio de mi marido. Como sabía acerca de su determinación y dado su consentimiento, preparamos juntos la copa de veneno y fui yo quien puso la botella de champagne en la heladera antes de tomarme el día y salir de paseo para que él, cuidando - como habíamos previsto- no dejar un cuadro demasiado tétrico, pusiera fin a sus días.

Si su intención es explicar el origen de lo que algunos definen en mi escritura como morbidez esteticista es necerario se remonten a mi infancia. Siendo aún una niña, el librepensador que era mi padre decidió privarme de la escolaridad. Un día, me llevó frente a su inmensa biblioteca y me dijo: “Aquí no hay nada prohibido. Fórmate”.

Empecé a leer 4 horas diarias y me vi obligada a pensar por mí misma. Jamás estuve programada para formar parte de lo que llaman masas. Mi madre era una escritora rusa que falleció tempranamente. Fue así como crecí: ignorada por todo el mundo mientras era críada por una negra de Martinica, sólo el divino Marqués de Sade, Voltaire, La Mettrie, Holbach y Condillac me salvaron de la soledad más absoluta y el completo autismo.

Durante la Segunda Guerra, conocí a Justus Franz Wittkop, un desertor alemán 22 años mayor. Vivimos juntos a lo largo de cuatro décadas. Nos amamos como dos amigos. Nuestra unión no fue convencional, se tratata de una alianza intelectual. Nos contábamos todas nuestras aventuras.
Cuando me aburría de la sociedad de Bad Hombourg, viajaba sola por Tailandia, Sumatra, Brasil o la India, dedicandome a escribir reportajes para el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Durante una estancia en Bombay, caí en otro idilio de este tipo, con un hombre llamado Christopher, también homosexual, como lo era mi esposo. Cristopher moriría más tarde apuñalado en un prostíbulo de la capital India. Ha sido en él en quien me he basado para crear a Lucién de El Necrófilo. Luego, en La Muerte de C. “mi libro más hermoso”, desarrollo diversas hipótesis para esclarecer su homicidio.

Llevar hasta el fin los valores libertinos, que excluyen por cierto cualquier autoridad moral o religiosa. En eso pienso tras colgar el teléfono. Simplemente le he anunciado a mi editora: “Voy a morir como viví: Como un hombre libre”

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