eva peron

Revista Siete Días N. 916, enero de 1985,

Editorial Abril, Buenos Aires, Argentina. EVA PERON, Entrevista a Domingo Tellechea, el hombre que restauró, bajo estricto secreto, el cadáver de Evita. “El cuerpo -cuenta Tellechea- estaba disecado posiblemente por el antiguo método de “momificación española”, trabajado con formol al 10 %, inyectado en zonas internas y subcutáneas sobre todo el torrente sanguíneo. La principal aplicación se da en estos casos en la intraarterial que se lleva a cabo en la carótida, para que así la materia conservadora pueda ser conducida hasta la extremidad del sistema capilar en todas las partes del cuerpo y, desde allí, por inhibición, a todos los puntos donde no ha penetrado. Puede haber sido utilizado otro método, pero desde mi punto de vista particular no lo creo. En algunas partes del cuerpo es evidente el uso de otros conservadores - acido fénico, algún borato, bicloruro de mercurio y arsénico -, aunque aplicadas en formol.

Nota: La totalidad de los trabajos de restauración se realizó en la cripta de la residencia de Olivos. Allí se había improvisado un pequeño laboratorio al que sólo accedieron Isabel Martínez de Perón y cuatro personas de confianza. Texto e imagen enviado por Carlos Vitola Palermo de Rosario, Sante Fe, República Argentina.

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Material cortesía de la Hemeroteca Biblioteca Argentina enviado por Carlos Vitola Palermo de Rosario, Santa Fe, República Argentina

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La devolución del cadáver de Eva Perón, fue una exigencia ineludible. Quienes durante quince años negaron conocer el destino del mismo, finalmente procedieron a reintegrarlo, trasladándolo a Madrid desde un cementerio en Milán, Italia, donde había estado enterrado con nombre supuesto.

En efecto, en 1957 una misión militar absolutamente secreta dirigida por el mayor de inteligencia Hamilton Díaz, por orden del Gobierno, fue la encargada de desenterrar el féretro y llevar el cuerpo a Europa, donde Perón, acompañados por un sacerdote, con instrucciones de la iglesia, para intermediar ante los religiosos italianos custodios del entierro.

Así fue sepultada, bajo el nombre falso de “María Maggi de Magistis”, una italiana viuda, emigrada a la Argentina cinco años antes, en el espacio 86, jardin H 1, del Cementerio de Milán.

Allí sus restos habían permanecido en una tumba sin cuidado ni atención, hasta el 2 de septiembre de 1971.

El “dato” había sido guardado en un sobre sellado entregado por Pedro Aramburu a un escribano público con la indicación de hacerlo llegar después de su muerte a quien fuera Presidente de la República. Así fue como Alejandro Agustín Lanusse entró en posesión de esta ubicación y se resolvió hacer lugar a esta fundamental exigencia del general Perón.

El Embajador argentino en España, brigadier Rojas Silveyra y el coronel Cabanillas fueron los encargados de entregar el ilustre cuerpo a Juan Perón, en su casa de Puerta de Hierro, en Madrid.

Al contemplar el cuerpo y sus mutilaciones, el general Perón exclamó: ¡Qué atorrantes…! Y se puso a llorar, dándole la espalda a los nombrados. Si bien luego guardó pudoroso silencio sobre el estado en que le fueron devueltos los restos, finalmente trascendió la brutal demencia del gorilismo, mucho mayor que la imaginada.

Blanca y Emilia Duarte, quienes habían viajado a Madrid para ver el cuerpo de su hermana, en el año 1985, en respuesta a un artículo periodístico, publicaron un comunicado en que decían:

“Nuestra intención no es revisar heridas antiguas que nos siguen haciendo sufrir. Pero no podemos ni debemos permitir que la historia sea desnaturalizada. Por eso damos testimonio aquí de los malos tratos infligidos a los despojos mortales de nuestra querida hermana Evita:
- varias cuchilladas en la sien y cuatro en la frente
- un gran tajo en la mejilla y otro en el brazo, al nivel del húmero
- la nariz completamente hundida, con fractura del tabique nasal
- el cuello prácticamente seccionado
- un dedo de la mano, cortado
- las rótulas, fracturadas
- el pecho, acuchillado en cuatro lugares
- la planta de los pies está cubierta por una capa de alquitrán
- la tapa de zinc del ataúd tiene las marcas de tres perforaciones, sin duda intencionadas
(En efecto, el ataúd estaba completamente mojado por dentro, la almohada estaba rota y el aserrín de relleno, pegado a los cabellos).
- el cuerpo había sido recubierto de cal viva y mostraba en algunas partes las quemaduras provocadas por la cal
- los cabellos eran como lana mojada
- el sudario, enmohecido y corroído.

En 1974, el general Perón dispuso que los restos de Evita regresaran a la Argentina para ser enterrados en una bóveda familiar en el cementerio de La Recoleta en la ciudad de Buenos Aires. Su póstumo deseo se cumplió el 17 de Noviembre de 1974.

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