Para mi araña
Ana
que deliciosa
mi cerebro,
mi cerebro que
deliciosa trepana

Sale de ahí ardiente el destino.
Se levanta una risa, se acaricia y despega, despliega sus dientes en el fondo del cielo.

Alguien salta, es el enviado misterioso que ejecuta el arco en círculo.
El cerebro aerostatico cae por un instante.
Un sonido de nervios se apaga sobre la cama de la noche lisa y blanca.
El lenguaje no está derecho, está torcido.



Pasea su resplandor de virgen estrecha y oculta,
mientras prepara el nudo de todos mis horrores


Fuera de él, imito el ruido de todo lo que me rodea.
La conciencia abondona su fiel murmullo.

En el centro del paisaje, los animales y las máquinas, y al fondo:
la primavera, donde el parpado florece alto, hasta incrustarse en la frente.

cruzan la razón en indecisos temblores,
su coro de notas blancas nunca apagaran la noche.




pero si no sueño, si dormir es imposible, es porque todavía existe.
Sin embargo, cuando me tocas siento algo vago, no alcanza a rozar mi cerebro.
No te reconozco ni en el olor, ni en el gusto

Después me retraigo de golpe hasta casi nada, como si estuviera en otro mundo.



imita con exactitud a sus favoritos, el gusto por mis gestos, mi voz, mi nombre.
Yo le llamo sólo para saber cuan oscuro es el color que viste




La enfermera sonríe bajo su falda, derrama las ondas de otros aromas,
se desordena un poco la naturaleza.
Esto soy yo. Este es mi cerebro.
Si miran aquí podrán ver donde el insomnio se instaló sin aviso, que regiones no tienen salida y cuales se alargan porque son más brillantes.

vuelvo a la sabana perpetuamente larga.



















