Y me pregunto
¿Será así de elegante Ana, siempre alegre, cual infante triste, con un “secreto entendimiento” que descifra, que baila a solas con el viento?.
Y te pregunto y como no respondes, miento.

Recuerdo mi infancia como un período largo, interminable, triste, donde el miedo lo llenaba todo: miedo a lo desconocido. Hay cosas que no puedo olvidar. Parece mentira que haya recuerdos que tengan fuerza… tanta fuerza.
Mamá estaba enferma en su dormitorio. Yo entonces no sabía que tenía una enfermedad incurable, y que la habían traído del hospital solo para que muriera en casa.
Un día que estaba haciendo limpieza , sacó del armario una caja metálica. Me la dio, y dijo :
- Ana, tira esto a la basura. No conviene que esté aquí. Además, ya no sirve para nada.
Yo, intrigada, le pregunté : ¿Qué hay dentro?
- ¿Qué más te da?, me contestó.
- ¿Es veneno?, pregunté yo.
Mi madre sonrió y dijo :
- Sí, es un veneno terrible. Con una cucharadita de estos polvos puedes matar a un elefante. Y luego dijo :
- ¡ tíralo a la basura!Me quedé muy impresionada. No sé muy bien por qué, me guardé la caja con el veneno sin hacer caso.
¿Quería matar a mi padre? . Esa es una pregunta que me he hecho cientos de veces. Y las respuestas que se me ocurren ahora, ahora con la perspectiva que dan los veinte años que han pasado desde entonces, son demasiado fáciles y no me satisfacen. Lo único que sí recuerdo perfectamente es que entonces me parecía el culpable de toda la tristeza que había embargado a mi madre los últimos años de su vida. Yo estaba convencida de que él, y sólo él, había provocado su enfermedad y su muerte.Mi madre, por lo que me han contado las personas que la conocían bien, podría haber sido una buena pianista. Desde muy pequeña, mostró dotes excepcionales para la música, y todo el mundo le auguraba un porvenir prometedor. Durante varios años se dedicó intensamente y casi exclusivamente al piano, y hasta llegó a dar algún concierto público. Y fue en uno de ellos en donde conoció a mi padre. Se enamoraron, se casaron en seguida, y abandonó definitivamente el piano para dedicarse en cuerpo y alma a sus hijas, a nosotras.
Creo que siempre le quedó la añoranza de aquella época, y el resquemor de haber abandonado una profesión que podía haber sido liberadora para ella. Ahora, sin embargo, también pienso que, en el fondo, tuvo miedo de no ser tan maravillosa intérprete como le auguraban sus amistades. Y prefirió la comodidad de una vida organizada y sin complicaciones, al riesgo de una responsabilidad que no podía compartir.
(plano final: Ana Bratz /Torrent, bajando escalera. (Ese estilo no dura, “perdura”)
Pourquoi Tu Vis











