Cuando mis Alicias llegan elijo uno de los vestidos que previamente he seleccionado. Es un efecto mágico e inquietante el que se produce al momento de ser fotografiadas. Tendidas sobre un cobertor, adormecidas en el sofá. Fingiendo que no me escuchan, completamente encantadoras.
Mi gusto por los disfraces no deja de aumentar. Disfrazo a mis Alicias de niñas romanas o griegas, las visto con chales hindúes. Se presentan ante la cámara en hermosos trajes daneses. Las transformo en chinas, luego las convierto en princesas, ataviadas con los misteriosos ropajes de los mares del Sur, y en ciertas ocasiones, me parece que todo este artificio resulta innecesario y voy más lejos, hasta que ya no queda ningún disfraz.




