Nos sentimos perplejos ante el misterio de la creación, y los enigmas de la vida que no queremos resolver, y entonces acusamos a la gran Esfinge de devorarnos. Sin embargo, no hay un solo incidente , ni un solo día desventurado, o un infortunio del que no pudieran seguirse las huellas hasta nuestros mismos actos en esta o en otra vida… Sólo la secreta doctrina puede explicarnos el misterio acerca del bien y el mal.



















