
Para ir a cenar lo mejor
es Montparnasse
1849, calle Froidevaux:
la carne es suave,
y el precio un ofertón.
El sargento François Bertrand tenía una pasión extraña: prefería a las mujeres muertas que a las vivas. Durante la noche, se encaminaba hacia los cementerios. Levantaba pesadas losas, abría ataúdes de jóvenes recién enterradas para luego hundirse en secretos placeres. Será justo ahí, donde más tarde, caerá en una trampa que le tiende la policía, herido de un disparo mientras- como era su costumbre- trepaba el muro de la rue Froidevaux. Aquella vez, sin embargo, logró escapar. En su próxima incursión, su suerte, ya no será la misma.En junio de 1849, se presenta ante el consejo de guerra y es condenado a un año de prisión. Poco tiempo después de salir en libertad, se suicida. En un pequeño cuaderno que se encontró mientras se investigaban los sucesos que rodearon su muerte, aparece el registro detallado sobre el tipo de relación que mantenía con cada una de sus amantes. De se lectura, uno podría pensar:I. Que no se trataba de un amante en nada delicado y atento.II. Que al contario. Sí, se trataba de un amante delicado y atento- en profundidad y grado máximo- esto explicaría la razón que lo llevaba, por ejemplo, a desmembrar el cuerpo de una joven muchacha para luego dispersar sus pedazos por todo el cementerio.El necrófilo fue un personaje de moda durante el siglo XIX. En numerosas casas de citas, se podía encontrar una habitación que tenía características muy particulares. Todas las paredes estaban pintadas de negro, y sobre la cama, entre extrañas figuras, incienso y cirios, aparecía la silueta de una joven, vestida completamente de blanco. A quien habían empolvado y así hacerla parecer todavía más pálida. Sus ojos muy cerrados, sin respiración aparente. Pero esa alma no reposaba, más bien se diría que esperaba. Siendo no pocos, quienes previo pago, concertaban con exagerado entusiasmo la inmóvil cita.


Me suicidaré a los 82 años. Antes claro, de haber nacido en Nantes y vivir gran parte de mi vida en Frankfurt. Nunca iré al colegio, estudiaré en casa. Entre otra cosas seré viuda, tras estar casada durante 40 años. No tendré hijos (odiaré siempre a los niños). No perteneceré ni a la derecha ni a la izquierda, la política me fastidiará siempre. Detestaré a las feministas. Continuaré siendo atea y escribiré a lo menos unos 14 libros.
















